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Bombillas de bajo consumo: realidad o timo

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Bombillas de bajo consumo

Las bombillas de bajo consumo, conocidas técnicamente cómo lámparas fluorescentes compactas (LFC), son un tipo de lámpara que utiliza la misma tecnología de los tubos fluorescentes tradicionales para hacer lámparas de menor tamaño que sustituyan a las tradicionales bombillas incandescentes.

En comparación con éstas, las LFC tienen mayor vida útil y consumen menos energía para producir la misma cantidad de luz. Sin embargo, tardan más tiempo en producir su máxima iluminación y su contenido de residuos tóxicos provoca que su desecho sea más problemático.

Algunas de las ventajas de las lámparas fluorescentes compactas en comparación con las lámparas incandescentes son:

  • Las LFC son frías y convierten en luz la mayor parte de la energía que consumen, mientras que en las incandescentes la mitad de energía consumida es transformada en calor y no en luz.
  • Una bombilla de bajo consumo utiliza entre un 50 y 80% menos de energía para producir la misma cantidad de luz. Para hacernos una idea, una LFC de 22 vatios equivale a una bombilla incandescente de 100 vatios.
  • Una bombilla incandescente arroja mucho más CO2 a la atmósfera que una bombilla de bajo consumo.
  • Las bombillas de bajo consumo cuestan unas siete veces más que las incandescentes y duran aproximadamente unas 10 veces más.
  • En un cálculo aproximado, sustituir cinco bombillas incandescentes por cinco bombillas de bajo consumo equivalentes, puede suponer un ahorro anual de unos 60€ y una reducción de la emisión de gases del efecto invernadero de hasta 340kg.

La trampa de las bombillas de bajo consumo

Existe otra vertiente que opina que, aunque las bombilas de bajo consumo o LFC fueron diseñas para beneficiar al medio ambiente principalmente mediante el ahorro energético, estas bombillas constituyen una amenaza y son altamente contaminantes, tanto que pueden producir serios problemas de salud. La razón principal es su contenido de mercurio, un metal pesado que utilizado en forma de gas produce una radiación ultravioleta, la cual es convertida en luz visible por un recubrimiento fluorescente.

Un estudio de la OCU afirma que durante su funcionamiento no se producen perdidas por lo que no existe peligrosidad. El principal riesgo es la posibilidad de rotura de una bombilla LFC, ya que de ser así, se produce una liberación brusca de mercurio al ambiente, una de las sustancias más tóxicas que existen en el planeta.

¿Qué hacer si se rompe una bombilla de bajo consumo?

Tal es la preocupación por los problemas de salud que pueda acarrear la rotura de este tipo de bombillas, que el Instituto Nacional de Toxicología recomienda seguir a rajatabla el siguiente protocolo de actuación:

  1. Abandonar la habitación de forma inmediata y ventilar durante al menos unos 15 minutos.
  2. Recoger cuidadosamente las piezas rotas y el polvo con toallas o papel húmedo, equipados convenientemente con guantes de goma y mascarilla de protección respiratoria.
  3. No utilizar bajo ningún concepto aspiradora o escoba, ya que con el calor o la aerosolización, la volatilidad del mercurio aumenta significativamente.
  4. Colocar todo el material recogido en algún tipo de recipiente hermético o bolsa sellada y depositarlos en algún centro de reciclaje o punto habilitado para la recogida.
  5. Si después se pasa la aspiradora, debe extraerse la bolsa, introducirla de nuevo en una bolsa de plástico sellada o recipiente hermético y llevarla también al punto limpio
  6. No permitir a los niños pequeños el acceso a dicha habitación en las menos las siguientes 24 horas posteriores a la limpieza exashutiva de la misma.

Todas estas precauciones son muy importantes y totalmente necesarias, pero especialmente si la bombilla estuviese encendida en el momento de la rotura, porque entonces la cantidad de mercurio liberada es mucho mayor. No olvidar tampoco que las bombillas deben depositarse siempre y de cualquier forma, tanto si la bombilla está rota como fundida, en puntos limpios o habilitados para su recogida (situados normalmente en centros comerciales, ferreterías o tiendas de iluminación), nunca deben depositarse en los contenedores convencionales.

El mito de la vida útil

Otro de los puntos que causa gran controversia a la hora de hablar de bombillas de bajo consumo es el tema de la vida útil. Según los fabricantes las bombillas de bajo consumo poseen una vida útil que oscila entre las 3.000 a 8.000 horas, y es en ese punto en el que radica la clave de su ahorro económico en comparación con las bombillas incandescentes.

Pero la realidad es bien distinta en muchos casos, ya que de no llegar a esas 3000 horas, cosa por desgracia demasiado habitual no sólo no se produce ese ahorro, sino que en la mayoría de los casos estamos perdiendo dinero.

El problema de la vida útil de la bombilla es que no es algo inmutable, sino que puede verse afectada por diversos factores como:

  • Los ciclos de encendido y apagado: las bombillas sometidas a frecuentes encendidos (usos puntuales como pasillos o aseos) suelen ver reducida su vida útil.
  • Las luminarias muy cerradas: comprometen la vida útil de las bombillas debido a las altas temperaturas.

 

Otros tipos de bombillas de bajo consumo:

Aunque las LFC son lo que comunmente conocemos cómo bombillas de bajo consumo, esta denominación no es del todo correcta, ya que existen otro tipo de bombillas que podrían englobarse dentro de esa misma categoría de bajo consumo y no son LFC. Es el caso de :

Halógena

  • Bombillas halógenas: en principio nacieron como una tecnología destinada a los coches, pero hoy en día existen bombillas de formato tradicional, que consumen la mitad que las bombillas incandescentes, y funcionan con esta tecnología.
  • LEDBombillas LED: son las mejores bombillas del mercado, gastan unas 8 veces menos y no presentan ningún tipo de riesgo para la salud ni el medio ambiente. Tienen una vida útil mucho mayor que cualquier otra y poseen una luz direccional y más cálida. El único incoveniente es su precio, que a pesar de disminuir progresivamente continúa siendo más elevado que el de las otras, aún así, su larga duración y bajo consumo provoca que resulten más rentables y económicas.

Las bombillas de LED la mejor solución

Haciendo una comparación rápida podemos afirmar que una bombilla led consume unos 2w contra los 35w de una halógena obteniendo la misma iluminación, esta diferencia de consumo y su larga vida útil hace que salga rentable a pesar de costar aproximandamente unas 6 veces más.

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