Inicio Ecología Calentamiento global: Estamos a tiempo (lo dicen los expertos)

Calentamiento global: Estamos a tiempo (lo dicen los expertos)

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El último informe del IPCC señala que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema, y que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más de la temperatura del planeta antes de la era industrial

 

Siguiendo el hilo del artículo publicado ayer, os traemos la última información pública sobre el calentamiento global.

El pasado 15 de abril, el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) publicó la tercera parte del 5º Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático, que está dedicado fundamentalmente al asunto de la reducción de las emisiones de los gases que provocan el calentamiento del planeta. Este 5º informe está separado en tres volúmenes. El primero de ellos está centrado en la explicación científica del cambio climático, el segundo en detallar los efectos que éste tiene, y cómo se está notando ya en el planeta, y el tercero, que ha sido el publicado esta semana pasada, detalla qué es lo que podemos hacer para afrontarlo y detenerlo, porque aún estamos a tiempo.

El acceso al informe completo (en inglés) lo tenéis aquí.

Hay que tener en cuenta que en este documento, en el que han trabajado 235 autores de 58 países, plasma el trabajo de mucho años de muchísima gente, y no parece que esté teniendo un impacto en el ámbito público relevante. Y dado el contenido, no creemos que sea justo. Un primer pensamiento que nos viene a la cabeza es el de que quizá no guste demasiado a las grandes potencias, por eso la opinión pública no se hace eco de él.
Lo mas importante, a nuestro juicio, es que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema. El informe remarca que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más a cuando empezó la era industrial, momento a partir del cual las emisiones de efecto invernado empezaron a incrementarse. Según cuenta la experta Kelly Levin, del Word Resources Insitute (Washington) para la agencia IPS (Inter Press Service), el mensaje clave de todo es que se debe hacer un esfuerzo mayor en la reducción de emisiones, y que los próximos 10 años van a ser cruciales para lograrlo. Hay estudios que concluyen que no hubiésemos llegado a donde estamos si los países hubiesen cumplido los acuerdos anteriores con respecto a las reducciones de emisiones, pero a día de hoy hay países que aún están lejos siquiera de cumplirlos.
Lo primero que nos viene a la cabeza es que, si están lejos de cumplir los primeros acuerdos sobre el tema (todos recordamos Kioto y sus incumplimientos o no adhesiones), cómo estarán ahora con respecto a los ajustes que se van a tener que hacer. ¿De verdad es posible contener este problema?

Costes, inversiones y emisiones

Según el informe, si que se puede. Pero éste deja claro que para conseguirlo, hay que dejar de invertir en combustibles fósiles.  Éstos son, fundamentalmente, el petróleo y el carbón. Y mas o menos todos nos hacemos una idea del enorme poder que tienen estos sectores en la economía global.
El informe plantea y estudia cientos de posibles escenarios, en los que concluye que hay que reducir entre un 40 y un 70% las emisiones que contribuyen al calentamiento global durante los próximos 35 años para contener el incremento de la temperatura en sólo esos 2ºC de los que hablábamos antes. Y si esto se antoja difícil, de ahí en adelante, hasta finales de siglo, las emisiones se deben bajar hasta casi 0.

Si científicamente todavía estamos en un punto donde podemos encontrar soluciones, ¿dónde radica el verdadero problema? El verdadero problema está en los costes e inversiones que se tienen que realizar para poder mantener los niveles de consumo e incrementarlos reduciendo el uso de energías fósiles, porque serán muy elevados. El informe del IPCC es científico, no económico, y no se habla de cantidades específicas, pero si que aclaran que el impacto en el crecimiento económico sería relativamente bajo (sobre todo teniendo en cuenta los aspectos positivos, como es el evitar el calentamiento del planeta) y que los grandes esfuerzos de mitigación sólo tendrían una reducción del aumento del consumo del 0,06 %.
El informe apunta a la reducción de inversiones en energía eléctrica convencional (entorno al 20%) en los próximos 20 años, al mismo tiempo que se incrementarán las renovables, la nuclear, gas natural y técnicas de captación de carbono. Queda claro que se debe de dejar de invertir en energías fósiles.
Hay expertos que critican el informe en estas líneas, debido a la complejidad de las dinámicas energéticas. Apostar por modelos como el gas como combustible de transición desanima a invertir en renovables, puesto que el beneficio inmediato se encuentra en esta primera energía, y lastra el resto de las pretensiones de reducir las emisiones de gases. A esto hay que sumar las enormes inversiones de empresas en nuevas soluciones tecnológicas que esperan ver retornadas, y a las que el informe no parece ofrecer soluciones que contenten.

Complicadas decisiones

Como vemos, numerosos factores, numerosos agentes implicados y decisiones que suponen millones en inversiones. Con tal de facilitar las cosas, el informe incluye un resumen para gobernantes (también accesible desde el sitio web) que actúa como documento de consenso, lo que implica que los 195 países miembros del IPCC aceptan firmar debajo de sus conclusiones.

Pero bajo esta apariencia, se esconde el gran verdadero problema de todo: ¿quién y cómo va a pagar por ese cambio de modelo energético? Y detrás de la respuesta, se encuentra la realidad de porqué se ha llegado a donde estamos.
Antes de la publicación del informe, se llevaron a cabo en Berlín discusiones entre los países. Pero la realidad es que estas reuniones parecieron más una lucha entre ellos por estar lo mejor posicionado posible de cara a las negociaciones y acuerdos que se tienen que dar el año próximo. Y sobre la mesa, la decisión de ver cómo se repartirá el coste financiero de las reducción de gases y la adaptación de las economías a los nuevos retos, tema especialmente sensible para los países de ingresos medios (rentas medias) y potencias industriales. Y lo es porque son éstos los principales causantes de las emisiones pasadas.
Al final siempre surge el mismo debate, y es que los países que hoy son los más fuertes, lo han sido a base de contaminar más en el pasado, y de mantener en la actualidad niveles elevados. Los países en desarrollo necesitan energía barata para poder seguir avanzando, y esto implica repetir el modelo que ya hicieron los países ricos, y explotar las pocas selvas y zonas naturales que quedan.
Los países ricos no quieren que esto suceda, porque de ser así, las reservas ambientales del planeta se verán extinguidas, y sucumbiremos a un caos ambiental global. Pero la respuesta de estos países es clara: sólo porque en el pasado los ricos hayan destruido sus recursos, no les puede obligar a que ahora nosotros no hagamos uso de los nuestros para poder avanzar. Y si no, que nos compensen económicamente, porque todos tenemos el mismo derecho a avanzar y mejorar.
Al final este debate se puede llenar de números, datos, porcentajes y miles de millones, pero esta es la idea en la que se basa el problema ambiental: los ricos lo provocamos. Y ahora los que se están desarrollando quieren seguir avanzando, y para eso consumen sus recursos. Recursos ambientales que los ricos decimos que son de todos, pero que en el pasado (y no tan pasado) no los consideramos así. ¿Quién tiene razón? ¿Es posible llegar a un acuerdo? ¿Habrá capacidad económica y voluntad para llevarlo a cabo? Porque parece que la capacidad científica ya está.
Mientras, los países buscan sus posiciones y siguen pidiendo nuevas clasificaciones para poder repartir y distribuir de otra forma las cargas.

Y sobre todo este debate, ¿dónde queda el ciudadano?

Al final, cada uno de nosotros, nos vemos implicados y sufrimos las consecuencias de todas estas decisiones. Pero es el esfuerzo de cada uno el que también tiene que facilitar las cosas, puesto que la luz producida es consumida por alguien, los coches los conduce la gente, los termostatos de la climatización son programados por nosotros y la compra la realizamos también nosotros.
Es por eso que nos tenemos que concienciar en nuestros hábitos, y tratar de que nuestra huella ecológica individual sea lo menos profunda, para facilitar esta transición. Aquí os ponemos algunos de ellos, porque pequeñas acciones y cambios de hábitos si que pueden cambiar de verdad las cosas:

_Mantener la climatización a menos de 20ºC en invierno, y no menos de 25 en verano
_Apagar siempre las luces cuando no estemos presentes, aunque sean pocos minutos.
_Reducir el uso del vehículo privado, o compartirlo lo máximo posible
_Hacer uso del transporte público, la bicicleta, o ir a pie.
_Adquirir productos de empresas que respeten el medioambiente.
_Hacer la compra en tiendas de barrio o a productores locales.
_Adquirir productos que no estén empaquetados o envasados, o que tengan los menos posibles.

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