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Cautividad animal y tragedias en zoológicos

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En estos días, un par de sucesos teñidos con tintes trágicos han conmocionado a la opinión pública en relación a la actividad lucrativa que desempeñan los parques zoológicos y la cautividad animal. Hablamos del sacrificio de tres imponentes mamíferos en el continente americano, concretamente de un gorila en los Estados Unidos y de dos leones en Chile.

En el primer caso, a una madre despistada que andaba visitando el zoo de Cincinnati se le escapó su hijo de apenas cuatro años, el cual tuvo la mala fortuna de caer en el foso de los gorilas, acabando a merced de un descomunal macho de espalda plateada de nada menos que 17 años. Este, se dirigió hacia el pequeño, y tras arrastrarlo varios minutos por el húmedo suelo del habitáculo, fue ejecutado mediante varios disparos de los responsables del zoo, que tomaron la decisión de no sedarlo (por el comportamiento impredecible que pudiera presentar el primate en este estado). La muerte del gorila no trajo la paz definitiva, y multitud de asociaciones animalistas ya han mostrado su rechazo a esta práctica que consideran injustificable y absolutamente desproporcionada.

Por su parte, el zoológico Nacional de Santiago de Chile también ha sido testigo de una más que desafortunada anécdota recientemente. Una mañana aparentemente tranquila de finales de Mayo, un chico de 20 años rompió la rejilla de seguridad y entró en el recinto donde vivían estos felinos naturales de África con fines suicidas. Inmediatamente se desnudó y procedió a acercarse a ellos, que tardaron unos instantes en atacarlo. Ante la atenta mirada de los visitantes, un tirador que formaba parte del personal abatió a los dos ejemplares (un macho y una hembra).

Estos sucesos no han conseguido más que avivar la llama de un debate que parece no conocer fin.

Resulta indudable la útil labor que prestan estos parques para la cría y conservación de especies en peligro de extinción, reduciendo así las posibilidades de desaparición de especies emblemáticas perseguidas en sus respectivos hábitats. Por ejemplo, en Marzo nació un gorila en el zoo de Madrid, concretamente de la subespecie de gorila de costa.

Por otra parte, se alzan aquellas voces no menos numerosas, y rotundamente contrarias a conservar estos ejemplares en lo que estiman como poco menos que “cárceles para animales”, lugares invadidos por la tristeza de los seres que forzosamente las habitan; sobre todo en aquellas especies caracterizadas por su elevada capacidad cerebral e intelectual, como los cetáceos y los primates, que sufren todavía de forma más agresiva los negativos efectos derivados de la vida en cautividad. Difícilmente una marsopa puede llegar a ser feliz en un acuario, por mucho mimo y dedicación con los que sea agasajada.

El debate sobre la cautividad animal, sigue tan vivo como acostumbra…

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