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Cuando las ciudades actúan bien

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Cuando las ciudades se comportan con humanidad, permiten que uno pueda sentirse en conexión con los otros; la mecánica de la nobleza establece vínculos entre los habitantes, un empático sentimiento de bienestar se establece cuando somos respetados y valorados y actuamos en consecuencia.
La vida en tales ciudades implica participar en la creación de una sociedad y no en padecerla; el mundo no se presenta como una guerra en la que intentamos sobrevivir a cualquier precio, sino como una aventura de descubrimiento compartido.

Cuando las ciudades se deshumanizan, nos aislamos, nos cerramos en nuestros pequeños grupos y luchamos por defendernos (y lo bien que hacemos).
No parece que sea difícil elegir en qué ciudad, en cuál sociedad uno quiere vivir, pero en la práctica: ¿cuál de estas sociedades construimos?

Ayer Berlín me sorprendió tan gratamente al otorgar un premio, que he necesitado volver a publicar después de un silencio de meses, porque me vuelvo a sentir parte de una comunidad y como tal, necesito comunicarlo.

la diversidad tiene valor

el valor de la diversidad

La creación tiene valor y precio

El arte conocido, del cual se habla y escribe, lejos está de ser “todo el arte”; es únicamente el arte que tiene precio, el arte con cotización, con valor de mercado. Para el comercio del arte, los premios a los artistas, son herramientas que sirven para fijar, aumentar o sostener la cotización de la obra; cuantos más premios recibe un artista, más caro puede venderse. Por eso galeristas, marchands, coleccionistas, periodistas, e instituciones de todo tipo, ejercen su influencia y presión cuando de premios se trata, porque esto les sirve para posicionar su producto en el mercado.
Esta puja comercial nada tiene que ver con la creación artística o con su valor, sino únicamente con su precio y mercadeo.
Esto es así en todo el mundo, desde Montevideo a Tanzania, pero tiene más fuerza en países como Alemania que crean el mercado.En países con la capacidad de generar y sostener la cotización de un artista, esta práctica mercantil, que en muchas ocasiones desvirtúa completamente el sentido del arte, está muy arraigada.

obra de Nanne Meyer

obra de Nanne Meyer

El misticismo como valor

Ayer un importante premio fue otorgado a Nanne Meyer, una artista que no se ha dejado llevar por las necesidades del mercado o la moda sino que hace 30 años desarrolla, con amor y dedicación, su disciplina sin otro objetivo más que vivir dentro del arte.
Es tan difícil encontrar exposiciones de arte contemporáneo en Alemania que nos hablen con humanidad, verdad y sencillez al tiempo que se entroncan sin rupturas con la tradición del arte que uno podría pensar que ya no existen.
O que, en el caso de existir, no es posible que tengan éxito.
Sin embargo el humilde y noble oficio de dibujante, de una profesora de arte local la hizo acreedora ayer (con gran pompa, eso sí) el premio “Hannah Höch” a la trayectoria artística, dotado de 60.000 eu.

De esta forma, las instituciones de la ciudad han reconocido, escuchado y valorado a quien construye su diversidad, enriqueciéndola. Tal respuesta al trabajo de 30 años de Nanne Meyer, no afecta solamente su realidad sino la de todos los que cada día sostienen (en algunos casos con pasión y locura, en otros con sistemático orden) que una sociedad que protege a sus creadores, a sus piezas únicas, a sus originales en todos los ámbitos, resguarda lo que la hace vivir con salud.
Acompaño desde aquí la decisión de este jurado que hace que no nos sintamos tan solos en nuestra tarea diaria.

Dan Arenzon

Curator, por Nanne Meyer

Kurator, por Nanne Meyer

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