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Panasonic acaba de anunciar el uso del nuevo Gas refrigerante R32 en sus nuevas unidades de aire acondicionado. Este gas refrigerante tiene un impacto nulo en el agotamiento de la capa de ozono y bajo potencial de calentamiento atmosférico, lo que supone un menor riesgo de daños en el medio ambiente en caso de fugas involuntarias. Por lo tanto, se presenta como el sustituto ideal para el gas R12 o el R410A, debido a sus características medioambientales. Tiene excelentes propiedades termodinámicas como refrigerante. El R32 es 100% puro lo que simplifica su reciclado y reutilización, además, está clasificado como A2L, de baja inflamabilidad.

Panasonic ha decidido apostar por el cuidado del medio ambiente y el mayor bienestar para sus usuarios, por lo que su aire acondicionado con gas R32 es el primero con mayor eficiencia energética y con el mínimo consumo de energía, de forma que se reduce el uso de combustibles fósiles del planeta.

La normativa europea CE 517/2014 ha dictaminado que es obligatorio para todos los países de la Unión reemplazar los gases fluorados (gases F) por razones medioambientales y de contaminación. Ya no sólo se trata de la capa de ozono sino también del efecto invernadero y del cambio climático. Sin embargo, también ha establecido un plazo de tiempo de transición bastante considerado, de 2017 a 2030.

Pero desde Panasonic consideran que no se debe esperar tanto tiempo y han decidido invertir en innovación para conseguir ya una alternativa a estos gases contaminantes y poder ofrecérselas a sus clientes con total garantía.  Por eso pueden ser los primeros en ofrecer esta nueva generación de climatizadores que emplean refrigerante R32, que consigue combinar un excelente confort en el hogar con una perfecta armonía con el medio ambiente.

Por eso, si todavía no tienes un sistema de aire acondicionado y estás pensando en comprar uno para tu hogar, infórmate bien, ya que no sólo podrás obtener el mayor beneficio de tener aire en los meses más calurosos del verano español, sino que también podrás poner tu grano de arena en la conservación del medioambiente. Panasonic te lo pone más fácil todavía si cabe.

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Fracking

Os traemos un pequeño resumen de qué consiste esta técnica y cuáles son sus posibles riesgos. Un poco de luz ante un tema en el que parece que todo son verdades a medias

¿Qué es el Fracking?

Es una técnica utilizada para la extracción del gas situado en capas profundas del suelo, a través del uso de agua, arenas y otros componentes químicos.
En primer lugar, el suelo se perfora donde previamente los sondeos realizados indican o muestran la existencia de gas. Una vez se alcanza la capa del suelo donde éste se encuentra, se perfora de forma horizontal, ampliando la superficie de contacto del túnel abierto en esta zona del subsuelo.
Una vez llegado a este punto, se inyecta el agua con la mezcla química a alta presión, para fisurar las capas de esquistos que contienen el gas. El gas se libra y fluye hacia la superficie del pozo, donde es almacenado previamente a su traslado en camiones a los puntos de destino.
Para dar más seguridad a todo este proceso, las empresas recubren las tuberías por donde circula el gas y el fluido inyectado con cemento, para evitar filtraciones. Del mismo modo, se impermeabilizan los depósitos donde el agua con productos químicos se almacena (grandes balsas a cielo abierto).

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¿Qué efectos puede tener sobre el medio ambiente?

Hay que tener en cuenta que, como toda actividad extractiva, genera una enorme presión sobre los recursos naturales y paisajísticos allá donde se instala una planta de obtención de gas de esquisto.
Al impacto visual de la eliminación de flora y fauna en la zona donde se asientan las plantas extractivas, para poder construirlas, la construcción de enormes balsas que acumulan productos químicos, y el trasiego continuo de camiones que transportan el gas, hay que sumarle los efectos y riesgos que no se ven: los que afectan al subsuelo.

Hay un riesgo muy elevado de filtraciones de “agua química” (el agua que se inyecta que contiene la mezcla de productos químicos necesarios para la extracción) hacia otras capas del subsuelo, pudiendo llegar a los acuíferos, contaminando el agua que posteriormente será utilizada por los humanos. Y este problema no sólo en las zonas dónde el agua es inyectada, sino a lo largo de todo el recorrido de las tuberías, donde las altas presiones junto con malos aislamientos pueden producir fugas a cotas superiores, más peligrosas si cabe que las anteriores.
Además, con respecto a la emisión de gases de efecto invernadero, el gas de esquisto libera más carbono que otros combustibles fósiles, con lo cual no es parte de la solución a este problema, sino que se convierte en un agravante.

¿Es realmente una energía barata y perdurable en el tiempo?

Vistos los resultados de esta actividad en los EEUU, parece que la industria a sobreestimado la capacidad y los recursos de los yacimientos encontrados. Por no decir que se han visto estimaciones sin disponer de datos verídicos y consultables.
La realidad de EEUU está siendo que, en los yacimientos más importantes, la productividad entre el segundo año de extracción y el primero se ha visto reducida entre un 60 y un 80%, lo que implica que el segundo año sólo se obtuvo entre un 20 y un 40% del gas obtenido durante el primer año. Y los cálculos estimas que el tercer año de extracción sólo se alcanza un 5%.

Con lo que parece que la productividad en el corto-medio plazo no es tan optimista como la industria promulga. Lo que lleva a una segunda conclusión: actualmente el coste de obtención de esta energía es bajo, pero atendiendo a la baja productividad de los pozos, junto al fenómeno conocido como “peak-oil” (pico de extracción de petróleo, que según algunos estudios ya se ha sobrepasado, y que implica que desde hace algún tiempo se está obteniendo menos petróleo de los pozos debido a su agotamiento) que también puede aplicarse al gas, dan a entender que el precio de esta energía sólo puede hacer que aumentar.

¿Qué es lo que deberíamos exigir?

Ante todo, lo primero, creemos que hace falta muchos más estudios con respecto los factores negativos ambientales de esta técnica extractiva.
Como ya hemos visto, a priori, parece que los inconvenientes son muchos, y los posibles daños a las capas de agua freática pueden suponer unos efectos para los seres humanos inimaginables.

De esta forma, análisis geológicos detallados, que tengan carácter público y accesible por los ciudadanos, y unas exigencias legales para dotar de la máxima seguridad a estas instalaciones sería necesario.

Al margen de esto, consideramos que simplemente por los posibles prejuicios que se podrían derivar a nivel ambiental, creemos que sería más sensato apostar e invertir por las energías renovables.

Si quieres conocer en qué zonas y municipios españoles hay permisos concedidos, pincha aquí

Si quieres saber más de la realidad del Fraking en los EEUU, pincha aquí

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El último informe del IPCC señala que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema, y que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más de la temperatura del planeta antes de la era industrial

 

Siguiendo el hilo del artículo publicado ayer, os traemos la última información pública sobre el calentamiento global.

El pasado 15 de abril, el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) publicó la tercera parte del 5º Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático, que está dedicado fundamentalmente al asunto de la reducción de las emisiones de los gases que provocan el calentamiento del planeta. Este 5º informe está separado en tres volúmenes. El primero de ellos está centrado en la explicación científica del cambio climático, el segundo en detallar los efectos que éste tiene, y cómo se está notando ya en el planeta, y el tercero, que ha sido el publicado esta semana pasada, detalla qué es lo que podemos hacer para afrontarlo y detenerlo, porque aún estamos a tiempo.

El acceso al informe completo (en inglés) lo tenéis aquí.

Hay que tener en cuenta que en este documento, en el que han trabajado 235 autores de 58 países, plasma el trabajo de mucho años de muchísima gente, y no parece que esté teniendo un impacto en el ámbito público relevante. Y dado el contenido, no creemos que sea justo. Un primer pensamiento que nos viene a la cabeza es el de que quizá no guste demasiado a las grandes potencias, por eso la opinión pública no se hace eco de él.
Lo mas importante, a nuestro juicio, es que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema. El informe remarca que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más a cuando empezó la era industrial, momento a partir del cual las emisiones de efecto invernado empezaron a incrementarse. Según cuenta la experta Kelly Levin, del Word Resources Insitute (Washington) para la agencia IPS (Inter Press Service), el mensaje clave de todo es que se debe hacer un esfuerzo mayor en la reducción de emisiones, y que los próximos 10 años van a ser cruciales para lograrlo. Hay estudios que concluyen que no hubiésemos llegado a donde estamos si los países hubiesen cumplido los acuerdos anteriores con respecto a las reducciones de emisiones, pero a día de hoy hay países que aún están lejos siquiera de cumplirlos.
Lo primero que nos viene a la cabeza es que, si están lejos de cumplir los primeros acuerdos sobre el tema (todos recordamos Kioto y sus incumplimientos o no adhesiones), cómo estarán ahora con respecto a los ajustes que se van a tener que hacer. ¿De verdad es posible contener este problema?

Costes, inversiones y emisiones

Según el informe, si que se puede. Pero éste deja claro que para conseguirlo, hay que dejar de invertir en combustibles fósiles.  Éstos son, fundamentalmente, el petróleo y el carbón. Y mas o menos todos nos hacemos una idea del enorme poder que tienen estos sectores en la economía global.
El informe plantea y estudia cientos de posibles escenarios, en los que concluye que hay que reducir entre un 40 y un 70% las emisiones que contribuyen al calentamiento global durante los próximos 35 años para contener el incremento de la temperatura en sólo esos 2ºC de los que hablábamos antes. Y si esto se antoja difícil, de ahí en adelante, hasta finales de siglo, las emisiones se deben bajar hasta casi 0.

Si científicamente todavía estamos en un punto donde podemos encontrar soluciones, ¿dónde radica el verdadero problema? El verdadero problema está en los costes e inversiones que se tienen que realizar para poder mantener los niveles de consumo e incrementarlos reduciendo el uso de energías fósiles, porque serán muy elevados. El informe del IPCC es científico, no económico, y no se habla de cantidades específicas, pero si que aclaran que el impacto en el crecimiento económico sería relativamente bajo (sobre todo teniendo en cuenta los aspectos positivos, como es el evitar el calentamiento del planeta) y que los grandes esfuerzos de mitigación sólo tendrían una reducción del aumento del consumo del 0,06 %.
El informe apunta a la reducción de inversiones en energía eléctrica convencional (entorno al 20%) en los próximos 20 años, al mismo tiempo que se incrementarán las renovables, la nuclear, gas natural y técnicas de captación de carbono. Queda claro que se debe de dejar de invertir en energías fósiles.
Hay expertos que critican el informe en estas líneas, debido a la complejidad de las dinámicas energéticas. Apostar por modelos como el gas como combustible de transición desanima a invertir en renovables, puesto que el beneficio inmediato se encuentra en esta primera energía, y lastra el resto de las pretensiones de reducir las emisiones de gases. A esto hay que sumar las enormes inversiones de empresas en nuevas soluciones tecnológicas que esperan ver retornadas, y a las que el informe no parece ofrecer soluciones que contenten.

Complicadas decisiones

Como vemos, numerosos factores, numerosos agentes implicados y decisiones que suponen millones en inversiones. Con tal de facilitar las cosas, el informe incluye un resumen para gobernantes (también accesible desde el sitio web) que actúa como documento de consenso, lo que implica que los 195 países miembros del IPCC aceptan firmar debajo de sus conclusiones.

Pero bajo esta apariencia, se esconde el gran verdadero problema de todo: ¿quién y cómo va a pagar por ese cambio de modelo energético? Y detrás de la respuesta, se encuentra la realidad de porqué se ha llegado a donde estamos.
Antes de la publicación del informe, se llevaron a cabo en Berlín discusiones entre los países. Pero la realidad es que estas reuniones parecieron más una lucha entre ellos por estar lo mejor posicionado posible de cara a las negociaciones y acuerdos que se tienen que dar el año próximo. Y sobre la mesa, la decisión de ver cómo se repartirá el coste financiero de las reducción de gases y la adaptación de las economías a los nuevos retos, tema especialmente sensible para los países de ingresos medios (rentas medias) y potencias industriales. Y lo es porque son éstos los principales causantes de las emisiones pasadas.
Al final siempre surge el mismo debate, y es que los países que hoy son los más fuertes, lo han sido a base de contaminar más en el pasado, y de mantener en la actualidad niveles elevados. Los países en desarrollo necesitan energía barata para poder seguir avanzando, y esto implica repetir el modelo que ya hicieron los países ricos, y explotar las pocas selvas y zonas naturales que quedan.
Los países ricos no quieren que esto suceda, porque de ser así, las reservas ambientales del planeta se verán extinguidas, y sucumbiremos a un caos ambiental global. Pero la respuesta de estos países es clara: sólo porque en el pasado los ricos hayan destruido sus recursos, no les puede obligar a que ahora nosotros no hagamos uso de los nuestros para poder avanzar. Y si no, que nos compensen económicamente, porque todos tenemos el mismo derecho a avanzar y mejorar.
Al final este debate se puede llenar de números, datos, porcentajes y miles de millones, pero esta es la idea en la que se basa el problema ambiental: los ricos lo provocamos. Y ahora los que se están desarrollando quieren seguir avanzando, y para eso consumen sus recursos. Recursos ambientales que los ricos decimos que son de todos, pero que en el pasado (y no tan pasado) no los consideramos así. ¿Quién tiene razón? ¿Es posible llegar a un acuerdo? ¿Habrá capacidad económica y voluntad para llevarlo a cabo? Porque parece que la capacidad científica ya está.
Mientras, los países buscan sus posiciones y siguen pidiendo nuevas clasificaciones para poder repartir y distribuir de otra forma las cargas.

Y sobre todo este debate, ¿dónde queda el ciudadano?

Al final, cada uno de nosotros, nos vemos implicados y sufrimos las consecuencias de todas estas decisiones. Pero es el esfuerzo de cada uno el que también tiene que facilitar las cosas, puesto que la luz producida es consumida por alguien, los coches los conduce la gente, los termostatos de la climatización son programados por nosotros y la compra la realizamos también nosotros.
Es por eso que nos tenemos que concienciar en nuestros hábitos, y tratar de que nuestra huella ecológica individual sea lo menos profunda, para facilitar esta transición. Aquí os ponemos algunos de ellos, porque pequeñas acciones y cambios de hábitos si que pueden cambiar de verdad las cosas:

_Mantener la climatización a menos de 20ºC en invierno, y no menos de 25 en verano
_Apagar siempre las luces cuando no estemos presentes, aunque sean pocos minutos.
_Reducir el uso del vehículo privado, o compartirlo lo máximo posible
_Hacer uso del transporte público, la bicicleta, o ir a pie.
_Adquirir productos de empresas que respeten el medioambiente.
_Hacer la compra en tiendas de barrio o a productores locales.
_Adquirir productos que no estén empaquetados o envasados, o que tengan los menos posibles.

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