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¿Será este, por fin, el momento de madurar en nuestra conciencia sobre el territorio?

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conciencia territorial

Hablar de la crisis en España no es hablar sólo de una crisis económica, sino de una crisis de un modelo político, de ordenación del territorio, de un modelo de percepción del suelo y su valor, y de una crisis en un modelo educativo y social.

Para profundizar y entender un poco más qué lo que ha pasado durante este tiempo, servirá con lo que adelante os expongo (no vayáis a pensar que la situación ha sido derivada por complejos asuntos; todo lo contrario, tienen una explicación bien sencilla):

_unas leyes que convertían casi todo el suelo en urbanizable
_acceso a dinero fácil por parte de los ciudadanos a los bancos
_modelo turístico demandado por los propios españoles y extranjeros
_avaricia por parte de políticos
_poco respecto y amor por lo que nos hace, precisamente tan especiales: nuestro territorio

Esta conjunción de factores ha permitido que representantes políticos, que teóricamente defienden los intereses políticos de sus ciudadanos, de sus familiares, de los pueblos y ciudades de los que ellos mismos forman parte, no hayan dudado en permitir cambios de uso en los suelos, venderlo y destruirlo, así como transformar y convertir paisajes de alto valor. Y todo bajo un único afán lucrativo propio, justificado con que estos cambios iban a traer progreso. Mientras el patrimonio y los bienes de unos pocos iban aumentando desmesuradamente, lo que es de todos, ese patrimonio cultural, esos paisajes de gran valor, esos suelos fértiles, se iban destruyendo sin que la mayoría dijera nada. Sólo pequeños colectivos de ciudadanos concienciados (o que no ganaban suficiente en las transacciones, seamos sinceros), ecologistas, algunos especialistas y técnicos trataban de mostrar el gran error que se estaba cometiendo. Pero todo el mundo giraba la cabeza, porque era más importante que la economía de España creciera un 3 o un 4 % anual.

Mientras en Europa se empezaba a hablar de participación ciudadana, soberanía alimentaria, de nuevos modelos de urbanismo y ciudad, de ciudades biofílicas y verdes, en España se jugaba a lo que ahora estamos viendo día sí y día también en nuestros medios de comunicación: que el modelo estaba basado en empresarios y políticos, que saltándose y manipulando los procedimientos establecidos y favoreciendo información a cambio de otras cosas, se beneficiaban, se enriquecían y se permitían las locuras que nos han llevado al lugar donde estamos. Para daros unas pinceladas:

_construcción masiva en los primeros 500 m de litoral de toda la franja mediterránea
_construcción en zonas de acantilados, marjales, cauces de ríos y barrancos y zonas naturales
_destrucción de ecosistemas
_desaparición de suelo fértil y productivo
_desaparición de paisajes culturales
_destrucción de zonas forestales
_crecimiento desmedido y poco planificado de municipios y ciudades, ocupando suelo y construyendo viviendas en exceso (aproximadamente hay un millón de viviendas vacías en nuestro país)
_migración de gente de zonas rurales hacia las ciudades, provocando el abandono de grandes extensiones de suelo cultivable

Y el problema es que hoy sólo conocemos las consecuencias inmediatas de estos años de vorágine constructiva. Lo que no sabemos, y quizá ni siquiera imaginamos, en cómo será la situación dentro de 5 o 10 años. Es probable que no se construyan muchas más viviendas en el medio plazo, pero, ¿qué pasa con todas las que están vacías y se están degradando? ¿Y las que están a medio construir? ¿Y qué pasa con todo ese suelo que pensaba construirse y ya hoy está abandonado y degradándose? Y las zonas naturales que aún pueden salvarse y regenerarse, pero ¿no hay dinero para ello? ¿Y con todo el suelo agrícola que ha dejado de cultivarse? ¿Cuál será su estado dentro de 5, 10 años?
Pese a esto, no hay que perder la esperanza, aunque todo invite a ello. ¿Y por qué no?

La crisis ha calmado las ansias devoradoras de territorio, y por aquí y por allí empiezan a surgir voces que claman un cambio de modelo urbanístico, mas sostenible, y sobre todo que respete al territorio. Están apareciendo numerosos planes y proyectos piloto que tratan de compaginar los futuros crecimientos de pueblos y ciudades con la puesta en valor de las zonas rurales próximas, así como grupos de ciudadanos que al mismo tiempo tratan de repensar como deberían ser las ciudades actuales y hacia donde deberían cambiar para ser mas respetuosas. Una parte de la ciudadanía, con la excusa de la crisis, ha vuelto al campo y se ha puesto a recuperar antiguas explotaciones agrarias (y ya sólo queda que no sea una moda más y de verdad este tejido permanezca dentro de unos años).

Pero el verdadero cambio debe estar en las instituciones políticas, y esto aún no se ve. Existen voces que dicen que sólo estamos esperando a que pase la crisis para volver a hacer lo mismo. Y algunas políticas dan razón a estos argumentos, con la presencia de capitales asiáticos y rusos que invierten en aquello que tanto nos daño nos hace: en bienes inmuebles. Y ahí, la razón sólo nos lleva a pensar que la solución pasa por darle poder a los ciudadanos, y que sean ellos quienes modelen y decidan cómo quieren que sea su territorio, su paisaje. Algunos cambios en las leyes urbanísticas actuales empiezan a dar cabida a la participación ciudadana, y establecen la obligación de recoger su opinión y a plasmar sus decisiones en el diseño final de los planes y proyectos. Y aunque sabemos que todo esto no es suficiente, es un primer paso. Hay algo mucho más importante, y pasa por que la ciudadanía tome realmente consciencia de qué es el paisaje, qué es el territorio, y de la importancia de mantenerlo, preservarlo, y mejorarlo.

Los políticos deberían entonar un gran “mea culpa” por todo lo que ha sucedido, pero sabiendo qué aún es posible cambiar las cosas, los ciudadanos deberían conceder ese perdón, a cambio de fuerza para poder cambiar las cosas. Y al mismo tiempo, aprendiendo y educándose todo en eso que se llama cultura del territorio, cultura del paisaje.

Fernando Alfaro, exconcejal de urbanismo y freelance

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