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La agricultura, la silvicultura y la pesca son primordiales para asegurar la seguridad alimentaria y proteger los medios de subsistencia, teniendo un papel clave a la hora de cambiar la manera en que gestionamos las diferentes amenazas y peligros, incluyendo los desastres naturales derivados del cambio climático.

Una de las consecuencias del citado cambio climático tiene que ver con el calentamiento global que estamos viviendo en los últimos años. Una solución fundamental es avanzar con respecto a las estrategias tradicionales de cara a concienciar a los diferentes Estados y gobiernos para que puedan ampliar el alcance de las intervenciones apoyando a la respuesta humanitaria.

En la Cumbre Humanitaria Mundial, la FAO se ha decidido a ampliar la labor de la Organización en lo relacionado a los programas de protección social y de transferencia de dinero en efectivo, vinculándolos a la agricultura y el desarrollo rural, poniendo mayor atención a aquéllas iniciativas que tienen que ver con las medidas de seguridad alimentaria y de adaptación al cambio climático. Europa apuesta por la agricultura ecológica comprometiéndose con aquella iniciativa que reclama  un mejor uso de los recursos y capacidades relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Como medidas de cambio importantes, destaca el papel de la agricultura en la fijación de carbono de la atmósfera en los suelos y la biomasa y se entiende que el sector agrario debe avanzar en la identificación de medidas de mitigación que refuercen su competitividad y sostenibilidad. También es importante trasladar a los consumidores la importancia de contribuir al cultivo del olivar como una gran mejora en el medio ambiente. En particular, esta medida permitirá progresar hacia una economía baja en carbono.

Por lo tanto, se entiende que el sector agrario, el cual genera alrededor del 11 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en España, debe avanzar en la identificación de las medidas de mitigación, reforzando su sostenibilidad. Por otra parte, la variedad de climas y suelos que dispone España, supone una gran fuente de riqueza dentro y fuera de nuestro país.

Lo más importante es el desarrollo de una metodología a nivel europeo para el cálculo de la huella de carbono y la huella ambiental en el aceite de oliva. Se trata de abordar el problema con visión global para establecer una estrategia que garantice la adaptación del cultivo y sus aprovechamientos a los distintos escenarios del cambio climático en las diferentes regiones españolas.

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El último informe del IPCC señala que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema, y que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más de la temperatura del planeta antes de la era industrial

 

Siguiendo el hilo del artículo publicado ayer, os traemos la última información pública sobre el calentamiento global.

El pasado 15 de abril, el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) publicó la tercera parte del 5º Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático, que está dedicado fundamentalmente al asunto de la reducción de las emisiones de los gases que provocan el calentamiento del planeta. Este 5º informe está separado en tres volúmenes. El primero de ellos está centrado en la explicación científica del cambio climático, el segundo en detallar los efectos que éste tiene, y cómo se está notando ya en el planeta, y el tercero, que ha sido el publicado esta semana pasada, detalla qué es lo que podemos hacer para afrontarlo y detenerlo, porque aún estamos a tiempo.

El acceso al informe completo (en inglés) lo tenéis aquí.

Hay que tener en cuenta que en este documento, en el que han trabajado 235 autores de 58 países, plasma el trabajo de mucho años de muchísima gente, y no parece que esté teniendo un impacto en el ámbito público relevante. Y dado el contenido, no creemos que sea justo. Un primer pensamiento que nos viene a la cabeza es el de que quizá no guste demasiado a las grandes potencias, por eso la opinión pública no se hace eco de él.
Lo mas importante, a nuestro juicio, es que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema. El informe remarca que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más a cuando empezó la era industrial, momento a partir del cual las emisiones de efecto invernado empezaron a incrementarse. Según cuenta la experta Kelly Levin, del Word Resources Insitute (Washington) para la agencia IPS (Inter Press Service), el mensaje clave de todo es que se debe hacer un esfuerzo mayor en la reducción de emisiones, y que los próximos 10 años van a ser cruciales para lograrlo. Hay estudios que concluyen que no hubiésemos llegado a donde estamos si los países hubiesen cumplido los acuerdos anteriores con respecto a las reducciones de emisiones, pero a día de hoy hay países que aún están lejos siquiera de cumplirlos.
Lo primero que nos viene a la cabeza es que, si están lejos de cumplir los primeros acuerdos sobre el tema (todos recordamos Kioto y sus incumplimientos o no adhesiones), cómo estarán ahora con respecto a los ajustes que se van a tener que hacer. ¿De verdad es posible contener este problema?

Costes, inversiones y emisiones

Según el informe, si que se puede. Pero éste deja claro que para conseguirlo, hay que dejar de invertir en combustibles fósiles.  Éstos son, fundamentalmente, el petróleo y el carbón. Y mas o menos todos nos hacemos una idea del enorme poder que tienen estos sectores en la economía global.
El informe plantea y estudia cientos de posibles escenarios, en los que concluye que hay que reducir entre un 40 y un 70% las emisiones que contribuyen al calentamiento global durante los próximos 35 años para contener el incremento de la temperatura en sólo esos 2ºC de los que hablábamos antes. Y si esto se antoja difícil, de ahí en adelante, hasta finales de siglo, las emisiones se deben bajar hasta casi 0.

Si científicamente todavía estamos en un punto donde podemos encontrar soluciones, ¿dónde radica el verdadero problema? El verdadero problema está en los costes e inversiones que se tienen que realizar para poder mantener los niveles de consumo e incrementarlos reduciendo el uso de energías fósiles, porque serán muy elevados. El informe del IPCC es científico, no económico, y no se habla de cantidades específicas, pero si que aclaran que el impacto en el crecimiento económico sería relativamente bajo (sobre todo teniendo en cuenta los aspectos positivos, como es el evitar el calentamiento del planeta) y que los grandes esfuerzos de mitigación sólo tendrían una reducción del aumento del consumo del 0,06 %.
El informe apunta a la reducción de inversiones en energía eléctrica convencional (entorno al 20%) en los próximos 20 años, al mismo tiempo que se incrementarán las renovables, la nuclear, gas natural y técnicas de captación de carbono. Queda claro que se debe de dejar de invertir en energías fósiles.
Hay expertos que critican el informe en estas líneas, debido a la complejidad de las dinámicas energéticas. Apostar por modelos como el gas como combustible de transición desanima a invertir en renovables, puesto que el beneficio inmediato se encuentra en esta primera energía, y lastra el resto de las pretensiones de reducir las emisiones de gases. A esto hay que sumar las enormes inversiones de empresas en nuevas soluciones tecnológicas que esperan ver retornadas, y a las que el informe no parece ofrecer soluciones que contenten.

Complicadas decisiones

Como vemos, numerosos factores, numerosos agentes implicados y decisiones que suponen millones en inversiones. Con tal de facilitar las cosas, el informe incluye un resumen para gobernantes (también accesible desde el sitio web) que actúa como documento de consenso, lo que implica que los 195 países miembros del IPCC aceptan firmar debajo de sus conclusiones.

Pero bajo esta apariencia, se esconde el gran verdadero problema de todo: ¿quién y cómo va a pagar por ese cambio de modelo energético? Y detrás de la respuesta, se encuentra la realidad de porqué se ha llegado a donde estamos.
Antes de la publicación del informe, se llevaron a cabo en Berlín discusiones entre los países. Pero la realidad es que estas reuniones parecieron más una lucha entre ellos por estar lo mejor posicionado posible de cara a las negociaciones y acuerdos que se tienen que dar el año próximo. Y sobre la mesa, la decisión de ver cómo se repartirá el coste financiero de las reducción de gases y la adaptación de las economías a los nuevos retos, tema especialmente sensible para los países de ingresos medios (rentas medias) y potencias industriales. Y lo es porque son éstos los principales causantes de las emisiones pasadas.
Al final siempre surge el mismo debate, y es que los países que hoy son los más fuertes, lo han sido a base de contaminar más en el pasado, y de mantener en la actualidad niveles elevados. Los países en desarrollo necesitan energía barata para poder seguir avanzando, y esto implica repetir el modelo que ya hicieron los países ricos, y explotar las pocas selvas y zonas naturales que quedan.
Los países ricos no quieren que esto suceda, porque de ser así, las reservas ambientales del planeta se verán extinguidas, y sucumbiremos a un caos ambiental global. Pero la respuesta de estos países es clara: sólo porque en el pasado los ricos hayan destruido sus recursos, no les puede obligar a que ahora nosotros no hagamos uso de los nuestros para poder avanzar. Y si no, que nos compensen económicamente, porque todos tenemos el mismo derecho a avanzar y mejorar.
Al final este debate se puede llenar de números, datos, porcentajes y miles de millones, pero esta es la idea en la que se basa el problema ambiental: los ricos lo provocamos. Y ahora los que se están desarrollando quieren seguir avanzando, y para eso consumen sus recursos. Recursos ambientales que los ricos decimos que son de todos, pero que en el pasado (y no tan pasado) no los consideramos así. ¿Quién tiene razón? ¿Es posible llegar a un acuerdo? ¿Habrá capacidad económica y voluntad para llevarlo a cabo? Porque parece que la capacidad científica ya está.
Mientras, los países buscan sus posiciones y siguen pidiendo nuevas clasificaciones para poder repartir y distribuir de otra forma las cargas.

Y sobre todo este debate, ¿dónde queda el ciudadano?

Al final, cada uno de nosotros, nos vemos implicados y sufrimos las consecuencias de todas estas decisiones. Pero es el esfuerzo de cada uno el que también tiene que facilitar las cosas, puesto que la luz producida es consumida por alguien, los coches los conduce la gente, los termostatos de la climatización son programados por nosotros y la compra la realizamos también nosotros.
Es por eso que nos tenemos que concienciar en nuestros hábitos, y tratar de que nuestra huella ecológica individual sea lo menos profunda, para facilitar esta transición. Aquí os ponemos algunos de ellos, porque pequeñas acciones y cambios de hábitos si que pueden cambiar de verdad las cosas:

_Mantener la climatización a menos de 20ºC en invierno, y no menos de 25 en verano
_Apagar siempre las luces cuando no estemos presentes, aunque sean pocos minutos.
_Reducir el uso del vehículo privado, o compartirlo lo máximo posible
_Hacer uso del transporte público, la bicicleta, o ir a pie.
_Adquirir productos de empresas que respeten el medioambiente.
_Hacer la compra en tiendas de barrio o a productores locales.
_Adquirir productos que no estén empaquetados o envasados, o que tengan los menos posibles.

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Cambio climático

En los últimos años hemos podido observar algunos de los impactos y las consecuencias del cambio climático en nuestro planeta, no sólo en el clima, sino también en el medio ambiente. El cambio climático es una alteración grave del equilibrio ambiental y sus consecuencias pueden ser terribles si no se busca una solución y se toman unas medidas drásticas ya.

 

Es inevitable pensar en el aumento de las temperaturas y el nivel del mar, como las principales consecuencias del cambio climático. Y aunque no son las únicas y la mayoría se derivan de estas, conoce aquí cuales son las más importantes:

1. Aumento de la temperatura media de la tierra

Una de las principales consecuencias del cambio climático, sino la más importante, y directamente vinculada con la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero. La tendencia del calentamiento terrestre ha sido el doble en los últimos 50 años, que en los 100 anteriores y de seguir así, se prevé que la temperatura media de la tierra pueda llegar a aumentar hasta 4°C en el año 2050.

Algunas de las consecuencias que implicaría esta subida de las temperaturas, pueden ser problemas de salud en ancianos y niños, ya que son los más vulnerables en los días de calor, o la facilidad de reproducción de algunos insectos que provocaran enfermedades a las plantas y afectarán a los cultivos. Las altas temperaturas generarán también un aumento de la deshidratación, y por tanto, de la demanda de agua potable, pero a su vez, la capacidad de los embalses se verá mermada, causando un desabastecimiento.

2. Aumento del nivel del mar y de su temperatura

El incremento de la temperatura global terrestre provocará la fusión del hielo glaciar, lo que generará el aumento en la cantidad de agua en mares y océanos. Según los científicos se espera que el nivel del mar pueda aumentar unos 20 metros de aquí al año 2100, lo que supone un peligro para todas aquellas ciudades que se encuentran situadas en la costa o terrenos por debajo del nivel del mar. Lugares como los Países Bajos, Calcuta, Bangladesh, Beijing, Shangai o el sur de Florida y la Bahía de San Francisco en EEUU, entre otros, se verán seriamente amenazados.

Según un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), uno de los primeros ejemplos de las consecuencias podría producirse en el mar Caribe, donde se prevé que el nivel del mar aumente unos 40 cm para el año 2060, lo que provocaría una invasión de las aguas subterráneas utilizadas para el abastecimiento por parte del agua salada del mar, ocasionando graves trastornos en el consumo de agua dulce.

No sólo el nivel del mar aumentará, sino también su temperatura, contribuyendo a la acidificación de los mismos y poniendo en grave peligro a numerosas especies vegetales y animales.

3. Aumento de la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos

Ese incremento de temperatura del agua de los océanos conlleva un ascenso del nivel de evaporación del agua y del índice de nubosidad, lo que provoca el aumento de la frecuencia e intensidad de las tormentas, tornados y huracanes. Tradicionalmente esto sólo pasaba en el Caribe, pero la tropicalización de los mares, provoca que este fenómenos se den hoy por hoy en casi cualquier lugar del planeta.

Fuertes olas de calor, inundaciones o sequías son algunos de los fenómenos cada vez más habituales en nuestro planeta, cuya voracidad y frecuencia se estima que se ha duplicado en los últimos treinta años.

4. Cambios en los ecosistemas

Otra de las principales consecuencias del cambio climático, es el cambio que se produce en los ecosistemas. Aumento de la desertificación, extensión de la región tropical hacia latitudes más altas o desplazamiento de las regiones boscosas hacia regiones que hoy forman parte de la tundra y la taiga. Por no mencionar los profundos cambios que sufrirán los ecosistemas costeros, probablemente los más afectados debido al aumento del nivel del mar, provocados por la inundación de sus costas.

5. Peligro de extinción de numerosas especies vegetales y animales

Estos cambios desatrosos e irreversibles en los ecosistemas comprometen la integridad de numerosas especies vegetales y animales y consituyen una seria amenaza para su conservación.

El oso polar mismamente puede ser el primer afectado, ya que actualmente se puede observar como su población disminuye a medida que aumenta su dificultad para aclimatarse a la pérdida de su hábitat en las regiones del Ártico. Otro de los ejemplos puede ser la población de corales, gravemente afectada por el incremento de la temperatura del mar.

Según los expertos entre un 20 y un 30% de las especies animales y vegetales podrían verse en peligro de extinción por un incremento de entre 1,5 y 2,5 °C en la temperatura media global de la tierra.

6. Sequía

La disminución del nivel de agua dulce, en los ríos y lagos, debido a la evaporación causada por el incremento de la temperatura, provocará un nuevo problema, la sequía.

La sequía contribuirá a la desertificación de los suelos, perdiendo estos gran parte de sus nutrientes y emprobeciendo su composición, generando por tanto un grave problema para el cultivo.

7. Efectos sobre la agricultura y el espacio forestal

El aumento de las temperaturas y la escasez de agua contribuirá a la dificultad de cultivo y reducirá su productividad, provocando una escasez de alimentos y un aumento del hambre en el mundo.
Aumentará además el número de incendios en las zonas forestales, provocando la desaparición de esos grandes sumideros de carbono y contribuyendo aún más al impacto del cambio climático en el planeta.

8. Impactos sobre la salud humana

Según la localización y de la capacidad de adaptación de las regiones, las consecuencias del cambio climático pueden ser muy negativas para la salud humana. Se producirá un incremento del número de personas con malnutrición, así como el número de personas fallecidas directa o indirectamente por fenómenos meteorológicos extremos como las inundaciones, las tormentas, las sequías, las olas de calor o los incendios.

¿Y tú que opinas? ¿es hora de hacer algo por evitar el cambio climático? Comparte tus soluciones con nosotros a través de los comentarios.

 

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