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Coches eléctricos

¿Qué es un coche eléctrico?

Un coche eléctrico es un vehículo impulsado por uno o varios motores eléctricos en un lugar de los motores gasolina o diesel habituales. Estos motores obtienen la energía de una o varias baterías instaladas en el propio vehículo. Aunque existen diferentes tipos de baterías las más comunes son las de iones de litio.

Los coches eléctricos no emiten ningún tipo de humo al circular, no emiten CO2, por lo que son considerados como no contaminantes. Pero eso no es del todo cierto, ya que puede ser contaminante durante el proceso de fabricación e incluso en la creación de la energía eléctrica.

Un poco de historia sobre los coches eléctricos

En contra de la mayoría de las creencias, el coche eléctrico no es un invento actual surgido somo solución a los problemas ambientales, sino que fue uno de los primeros automóviles que se desarrolló, siendo incluso anterior al motor de cuatro tiempos en que se basa el automovil actual.

El primer coche eléctrico se construyó entre los años 1830 y 1840 por el hombre de negocios escocés Robert Anderson. Posteriormente en la EXPO de París de 1867, Franz Kravogl, un inventor austríaco, mostró el primer ciclo de dos ruedas con motor eléctrico. Años más tarde, en la EXPO de Electricidad de 1881, de nuevo en París, fue Gustave Trouvé quien presentó un vehículo eléctrico de tres ruedas.

Durante principios del siglo XX, se producieron coches eléctricos en los Estados Unidos con cierto éxito comercial, enfocados principalmente a la clase alta, por su conducción limpia, tranquila, sencilla y especialmente por no requerir el arranque manual con manivela.

Pero la invección en 1913 del arranque eléctrico en motores de combustión , el sistema de producción en cadena de Ford desde 1908 y la mayor velocidad de introducción de mejoras en vehículos de combustión que en los coches eléctricos supuso la desaparición por completa de estos a finales de 1930.

¿Qué partes diferencian a los coches eléctricos?

  • Motor eléctrico:  puede haber uno o más de uno.
  • Puerto de carga: parte que recibe la electricidad del exterior, puede haber una toma para carga rápida.
  • Transformadores: los encargados de convertir la electricidad de la toma casera o de carga rápida en la carga para las baterías. Aunque no sólo rellenan las baterías, sino que se encargan de la refrigeración para evitar riesgos de explosión o derrames.
  • Baterías: son los “depósitos de combustible” de los coches eléctricos. Es posible que exista una batería adicional como la de cualquier coche para los sistemas de bajo consumo auxiliares.
  • Controladores: son los que comprueban el buen funcionamiento del vehículo, regulan la energía que recibe el motor.

¿Cómo se recargan los coches eléctricos?

Coche eléctrico en cargaEnchufándolos. La manera de recargar las baterías es conectarlas a la red eléctrica, lo que supone un tiempo de espera, el cual hoy por hoy, consituye uno de sus mayores inconvenientes.

Ese tiempo de espera, varía en función del voltaje y amperaje, una toma doméstica no puede admitir recarga rápida. La primera mitad de carga se produce de manera relativamente rápida, mientras que la segunda mitad tarda más tiempo en producirse.

No usar el vehículo durante un tiempo y el frío contribuyen a la descarga de la batería, aunque cabe destacar que estas baterías no sufren efecto memoria como las baterías de pequeños dispositivos electrónicos.

 

¿Qué ventajas e inconvenientes tiene el uso de coches eléctricos?

  • Ventajas:
    • En cuestión energética, son muy respetuosos con el medio ambiente. Usando la misma fuente de energía que los vehículos convencionales, la contaminación es mucho menor y si la fuente de energía es renovable, entonces las emisiones globales son cero.
    • Los motores eléctricos tienen un excelente rendimiento, sobre todo a revoluciones bajas, convierten en movimiento más del 90% de la energía consumida.
    • Mecanicamente son mucho más simples, el numero de piezas móviles es mínimo, apenas existen piezas de desgaste y la fiabilidad de sus motores es óptima.
    • Son capaces de girar a más de 20.000 RPM sin ningún tipo de ruido ni vibraciones. No producen contaminación acústica.
    • No tienen apenas mantenimiento.
    • Su uso permite el ahorro de combustibles fósiles.
    • Mayor eficiencia y par motor desde 0 RPM, no necesitan caja de cambios ni embrague.
    • No producen emisiones contaminantes a su entorno, solo en los lugares de producción, los cuales suelen estar controlados.
    • Aunque las baterías le hacen ganar peso, se ahorra mucho en la parte mecánica.
  • Inconvenientes:
    • La carga de baterías y su precio. Las baterías de mas de 400 km de autonomía son muy costotas y necesitan de unas 9 horas para recargarse.
    • Siguen contaminando y así seguirá siendo mientras se sigan utilizando materias primas contaminantes para la carga de las baterías.
    • Tienen menor autonomía que un coche convencional debido a la necesidad de cargas frecuentes.
    • Uno de los mayores inconvenientes es el precio inicial de un coche eléctrico en comparación con uno convencional.
    • Poca accesibilidad a puntos de recarga actualmente, lo que se espera que se vaya solucionando poco a poco.
    • El rendimiento se ve influenciado por la temperatura, con el frío empeora considerablemente.
    • Las baterías tienen cierto impacto ambiental durante su fabricación, aunque pueden ser recicladas al final de su vida útil en casi un 100% (de hecho,  existe una normativa de la Unión Europa que exige el reciclaje de todas ellas y en lugares específicos para ello).
    • Las baterías son muy grandes y pesadas y condicionan de tal manera que determinan la potencia del motor, el diseño del vehículo y la autonomía.
    • La energía de las baterías sólo puede provenir de enchufes en la red eléctrica. El uso de energía solar en vehículos se limita a prototipos y no es viable su construcción actualmente.

2 cosas que debes tener en cuenta:

  • Un coche eléctrico no es un coche híbrido

Aunque tienen mucha relación entre sí, no son lo mismo. Un coche híbrido es un vehículo que combina los dos tipos de propulsión, la térmica y la eléctrica. Un coche eléctrico sólo dispone de un tipo de motor, el eléctrico, aunque puede posee uno o varios.

  • El tiempo de carga de los coches eléctricos

El principal inconveniente hoy en día de los coches eléctricos es el tiempo de carga de los vehículos. Por tanto, se trabaja con la idea de habilitar puntos de recarga donde sea posible sustituir las baterías descargadas por otras con carga de manera instantánea, reduciendo al mínimo el tiempo de recarga del vehículo. Para ello, el sistema de baterías debería adaptarse para poder cambiarse rápidamente, tanto de una manera total como fraccionada.

Coche eléctrico

En resumen

Sus mayores ventajas son la eficiencia, las emisiones casi nulas y la variedad de fuentes energéticas. Como defectos, la poca autonomía, el alto precio de adquisición (no de mantenimiento), la poca oferta comercial y la falta de infraestructuras adecuadas actualmente.  

Vivimos en el apogeo los coches convencionales y hoy por hoy, son los más rentables. A medio plazo, los híbridos serán los grandes competidores porque aunan las ventajas de ambos mundos y tienen pocos inconvenientes, especialmente si son enchufables. A largo plazo, los coches eléctricos son los más fiables y rentables.

Pero queda mucho camino por recorrer, tanto fabricantes como las administraciones y la sociedad debemos dar un paso adelante. Se preveé que la implantación de los coches eléctricos empezará a aumentar considerablemente a partir de 2020, será entonces cuando se reduzca la dependecia energética del petróleo, mejorará ostensiblemente la calidad de vida, se reducirá la contaminación ambiental y acústica y se mejorará la eficiencia en el uso de los recursos energéticos.

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conciencia territorial

Hablar de la crisis en España no es hablar sólo de una crisis económica, sino de una crisis de un modelo político, de ordenación del territorio, de un modelo de percepción del suelo y su valor, y de una crisis en un modelo educativo y social.

Para profundizar y entender un poco más qué lo que ha pasado durante este tiempo, servirá con lo que adelante os expongo (no vayáis a pensar que la situación ha sido derivada por complejos asuntos; todo lo contrario, tienen una explicación bien sencilla):

_unas leyes que convertían casi todo el suelo en urbanizable
_acceso a dinero fácil por parte de los ciudadanos a los bancos
_modelo turístico demandado por los propios españoles y extranjeros
_avaricia por parte de políticos
_poco respecto y amor por lo que nos hace, precisamente tan especiales: nuestro territorio

Esta conjunción de factores ha permitido que representantes políticos, que teóricamente defienden los intereses políticos de sus ciudadanos, de sus familiares, de los pueblos y ciudades de los que ellos mismos forman parte, no hayan dudado en permitir cambios de uso en los suelos, venderlo y destruirlo, así como transformar y convertir paisajes de alto valor. Y todo bajo un único afán lucrativo propio, justificado con que estos cambios iban a traer progreso. Mientras el patrimonio y los bienes de unos pocos iban aumentando desmesuradamente, lo que es de todos, ese patrimonio cultural, esos paisajes de gran valor, esos suelos fértiles, se iban destruyendo sin que la mayoría dijera nada. Sólo pequeños colectivos de ciudadanos concienciados (o que no ganaban suficiente en las transacciones, seamos sinceros), ecologistas, algunos especialistas y técnicos trataban de mostrar el gran error que se estaba cometiendo. Pero todo el mundo giraba la cabeza, porque era más importante que la economía de España creciera un 3 o un 4 % anual.

Mientras en Europa se empezaba a hablar de participación ciudadana, soberanía alimentaria, de nuevos modelos de urbanismo y ciudad, de ciudades biofílicas y verdes, en España se jugaba a lo que ahora estamos viendo día sí y día también en nuestros medios de comunicación: que el modelo estaba basado en empresarios y políticos, que saltándose y manipulando los procedimientos establecidos y favoreciendo información a cambio de otras cosas, se beneficiaban, se enriquecían y se permitían las locuras que nos han llevado al lugar donde estamos. Para daros unas pinceladas:

_construcción masiva en los primeros 500 m de litoral de toda la franja mediterránea
_construcción en zonas de acantilados, marjales, cauces de ríos y barrancos y zonas naturales
_destrucción de ecosistemas
_desaparición de suelo fértil y productivo
_desaparición de paisajes culturales
_destrucción de zonas forestales
_crecimiento desmedido y poco planificado de municipios y ciudades, ocupando suelo y construyendo viviendas en exceso (aproximadamente hay un millón de viviendas vacías en nuestro país)
_migración de gente de zonas rurales hacia las ciudades, provocando el abandono de grandes extensiones de suelo cultivable

Y el problema es que hoy sólo conocemos las consecuencias inmediatas de estos años de vorágine constructiva. Lo que no sabemos, y quizá ni siquiera imaginamos, en cómo será la situación dentro de 5 o 10 años. Es probable que no se construyan muchas más viviendas en el medio plazo, pero, ¿qué pasa con todas las que están vacías y se están degradando? ¿Y las que están a medio construir? ¿Y qué pasa con todo ese suelo que pensaba construirse y ya hoy está abandonado y degradándose? Y las zonas naturales que aún pueden salvarse y regenerarse, pero ¿no hay dinero para ello? ¿Y con todo el suelo agrícola que ha dejado de cultivarse? ¿Cuál será su estado dentro de 5, 10 años?
Pese a esto, no hay que perder la esperanza, aunque todo invite a ello. ¿Y por qué no?

La crisis ha calmado las ansias devoradoras de territorio, y por aquí y por allí empiezan a surgir voces que claman un cambio de modelo urbanístico, mas sostenible, y sobre todo que respete al territorio. Están apareciendo numerosos planes y proyectos piloto que tratan de compaginar los futuros crecimientos de pueblos y ciudades con la puesta en valor de las zonas rurales próximas, así como grupos de ciudadanos que al mismo tiempo tratan de repensar como deberían ser las ciudades actuales y hacia donde deberían cambiar para ser mas respetuosas. Una parte de la ciudadanía, con la excusa de la crisis, ha vuelto al campo y se ha puesto a recuperar antiguas explotaciones agrarias (y ya sólo queda que no sea una moda más y de verdad este tejido permanezca dentro de unos años).

Pero el verdadero cambio debe estar en las instituciones políticas, y esto aún no se ve. Existen voces que dicen que sólo estamos esperando a que pase la crisis para volver a hacer lo mismo. Y algunas políticas dan razón a estos argumentos, con la presencia de capitales asiáticos y rusos que invierten en aquello que tanto nos daño nos hace: en bienes inmuebles. Y ahí, la razón sólo nos lleva a pensar que la solución pasa por darle poder a los ciudadanos, y que sean ellos quienes modelen y decidan cómo quieren que sea su territorio, su paisaje. Algunos cambios en las leyes urbanísticas actuales empiezan a dar cabida a la participación ciudadana, y establecen la obligación de recoger su opinión y a plasmar sus decisiones en el diseño final de los planes y proyectos. Y aunque sabemos que todo esto no es suficiente, es un primer paso. Hay algo mucho más importante, y pasa por que la ciudadanía tome realmente consciencia de qué es el paisaje, qué es el territorio, y de la importancia de mantenerlo, preservarlo, y mejorarlo.

Los políticos deberían entonar un gran “mea culpa” por todo lo que ha sucedido, pero sabiendo qué aún es posible cambiar las cosas, los ciudadanos deberían conceder ese perdón, a cambio de fuerza para poder cambiar las cosas. Y al mismo tiempo, aprendiendo y educándose todo en eso que se llama cultura del territorio, cultura del paisaje.

Fernando Alfaro, exconcejal de urbanismo y freelance

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