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Fracking

Os traemos un pequeño resumen de qué consiste esta técnica y cuáles son sus posibles riesgos. Un poco de luz ante un tema en el que parece que todo son verdades a medias

¿Qué es el Fracking?

Es una técnica utilizada para la extracción del gas situado en capas profundas del suelo, a través del uso de agua, arenas y otros componentes químicos.
En primer lugar, el suelo se perfora donde previamente los sondeos realizados indican o muestran la existencia de gas. Una vez se alcanza la capa del suelo donde éste se encuentra, se perfora de forma horizontal, ampliando la superficie de contacto del túnel abierto en esta zona del subsuelo.
Una vez llegado a este punto, se inyecta el agua con la mezcla química a alta presión, para fisurar las capas de esquistos que contienen el gas. El gas se libra y fluye hacia la superficie del pozo, donde es almacenado previamente a su traslado en camiones a los puntos de destino.
Para dar más seguridad a todo este proceso, las empresas recubren las tuberías por donde circula el gas y el fluido inyectado con cemento, para evitar filtraciones. Del mismo modo, se impermeabilizan los depósitos donde el agua con productos químicos se almacena (grandes balsas a cielo abierto).

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¿Qué efectos puede tener sobre el medio ambiente?

Hay que tener en cuenta que, como toda actividad extractiva, genera una enorme presión sobre los recursos naturales y paisajísticos allá donde se instala una planta de obtención de gas de esquisto.
Al impacto visual de la eliminación de flora y fauna en la zona donde se asientan las plantas extractivas, para poder construirlas, la construcción de enormes balsas que acumulan productos químicos, y el trasiego continuo de camiones que transportan el gas, hay que sumarle los efectos y riesgos que no se ven: los que afectan al subsuelo.

Hay un riesgo muy elevado de filtraciones de “agua química” (el agua que se inyecta que contiene la mezcla de productos químicos necesarios para la extracción) hacia otras capas del subsuelo, pudiendo llegar a los acuíferos, contaminando el agua que posteriormente será utilizada por los humanos. Y este problema no sólo en las zonas dónde el agua es inyectada, sino a lo largo de todo el recorrido de las tuberías, donde las altas presiones junto con malos aislamientos pueden producir fugas a cotas superiores, más peligrosas si cabe que las anteriores.
Además, con respecto a la emisión de gases de efecto invernadero, el gas de esquisto libera más carbono que otros combustibles fósiles, con lo cual no es parte de la solución a este problema, sino que se convierte en un agravante.

¿Es realmente una energía barata y perdurable en el tiempo?

Vistos los resultados de esta actividad en los EEUU, parece que la industria a sobreestimado la capacidad y los recursos de los yacimientos encontrados. Por no decir que se han visto estimaciones sin disponer de datos verídicos y consultables.
La realidad de EEUU está siendo que, en los yacimientos más importantes, la productividad entre el segundo año de extracción y el primero se ha visto reducida entre un 60 y un 80%, lo que implica que el segundo año sólo se obtuvo entre un 20 y un 40% del gas obtenido durante el primer año. Y los cálculos estimas que el tercer año de extracción sólo se alcanza un 5%.

Con lo que parece que la productividad en el corto-medio plazo no es tan optimista como la industria promulga. Lo que lleva a una segunda conclusión: actualmente el coste de obtención de esta energía es bajo, pero atendiendo a la baja productividad de los pozos, junto al fenómeno conocido como “peak-oil” (pico de extracción de petróleo, que según algunos estudios ya se ha sobrepasado, y que implica que desde hace algún tiempo se está obteniendo menos petróleo de los pozos debido a su agotamiento) que también puede aplicarse al gas, dan a entender que el precio de esta energía sólo puede hacer que aumentar.

¿Qué es lo que deberíamos exigir?

Ante todo, lo primero, creemos que hace falta muchos más estudios con respecto los factores negativos ambientales de esta técnica extractiva.
Como ya hemos visto, a priori, parece que los inconvenientes son muchos, y los posibles daños a las capas de agua freática pueden suponer unos efectos para los seres humanos inimaginables.

De esta forma, análisis geológicos detallados, que tengan carácter público y accesible por los ciudadanos, y unas exigencias legales para dotar de la máxima seguridad a estas instalaciones sería necesario.

Al margen de esto, consideramos que simplemente por los posibles prejuicios que se podrían derivar a nivel ambiental, creemos que sería más sensato apostar e invertir por las energías renovables.

Si quieres conocer en qué zonas y municipios españoles hay permisos concedidos, pincha aquí

Si quieres saber más de la realidad del Fraking en los EEUU, pincha aquí

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El último informe del IPCC señala que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema, y que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más de la temperatura del planeta antes de la era industrial

 

Siguiendo el hilo del artículo publicado ayer, os traemos la última información pública sobre el calentamiento global.

El pasado 15 de abril, el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) publicó la tercera parte del 5º Informe de Evaluación sobre el Cambio Climático, que está dedicado fundamentalmente al asunto de la reducción de las emisiones de los gases que provocan el calentamiento del planeta. Este 5º informe está separado en tres volúmenes. El primero de ellos está centrado en la explicación científica del cambio climático, el segundo en detallar los efectos que éste tiene, y cómo se está notando ya en el planeta, y el tercero, que ha sido el publicado esta semana pasada, detalla qué es lo que podemos hacer para afrontarlo y detenerlo, porque aún estamos a tiempo.

El acceso al informe completo (en inglés) lo tenéis aquí.

Hay que tener en cuenta que en este documento, en el que han trabajado 235 autores de 58 países, plasma el trabajo de mucho años de muchísima gente, y no parece que esté teniendo un impacto en el ámbito público relevante. Y dado el contenido, no creemos que sea justo. Un primer pensamiento que nos viene a la cabeza es el de que quizá no guste demasiado a las grandes potencias, por eso la opinión pública no se hace eco de él.
Lo mas importante, a nuestro juicio, es que hay una enorme puerta abierta para poder solucionar el problema. El informe remarca que todavía es posible limitar el calentamiento global a sólo 2 grados más a cuando empezó la era industrial, momento a partir del cual las emisiones de efecto invernado empezaron a incrementarse. Según cuenta la experta Kelly Levin, del Word Resources Insitute (Washington) para la agencia IPS (Inter Press Service), el mensaje clave de todo es que se debe hacer un esfuerzo mayor en la reducción de emisiones, y que los próximos 10 años van a ser cruciales para lograrlo. Hay estudios que concluyen que no hubiésemos llegado a donde estamos si los países hubiesen cumplido los acuerdos anteriores con respecto a las reducciones de emisiones, pero a día de hoy hay países que aún están lejos siquiera de cumplirlos.
Lo primero que nos viene a la cabeza es que, si están lejos de cumplir los primeros acuerdos sobre el tema (todos recordamos Kioto y sus incumplimientos o no adhesiones), cómo estarán ahora con respecto a los ajustes que se van a tener que hacer. ¿De verdad es posible contener este problema?

Costes, inversiones y emisiones

Según el informe, si que se puede. Pero éste deja claro que para conseguirlo, hay que dejar de invertir en combustibles fósiles.  Éstos son, fundamentalmente, el petróleo y el carbón. Y mas o menos todos nos hacemos una idea del enorme poder que tienen estos sectores en la economía global.
El informe plantea y estudia cientos de posibles escenarios, en los que concluye que hay que reducir entre un 40 y un 70% las emisiones que contribuyen al calentamiento global durante los próximos 35 años para contener el incremento de la temperatura en sólo esos 2ºC de los que hablábamos antes. Y si esto se antoja difícil, de ahí en adelante, hasta finales de siglo, las emisiones se deben bajar hasta casi 0.

Si científicamente todavía estamos en un punto donde podemos encontrar soluciones, ¿dónde radica el verdadero problema? El verdadero problema está en los costes e inversiones que se tienen que realizar para poder mantener los niveles de consumo e incrementarlos reduciendo el uso de energías fósiles, porque serán muy elevados. El informe del IPCC es científico, no económico, y no se habla de cantidades específicas, pero si que aclaran que el impacto en el crecimiento económico sería relativamente bajo (sobre todo teniendo en cuenta los aspectos positivos, como es el evitar el calentamiento del planeta) y que los grandes esfuerzos de mitigación sólo tendrían una reducción del aumento del consumo del 0,06 %.
El informe apunta a la reducción de inversiones en energía eléctrica convencional (entorno al 20%) en los próximos 20 años, al mismo tiempo que se incrementarán las renovables, la nuclear, gas natural y técnicas de captación de carbono. Queda claro que se debe de dejar de invertir en energías fósiles.
Hay expertos que critican el informe en estas líneas, debido a la complejidad de las dinámicas energéticas. Apostar por modelos como el gas como combustible de transición desanima a invertir en renovables, puesto que el beneficio inmediato se encuentra en esta primera energía, y lastra el resto de las pretensiones de reducir las emisiones de gases. A esto hay que sumar las enormes inversiones de empresas en nuevas soluciones tecnológicas que esperan ver retornadas, y a las que el informe no parece ofrecer soluciones que contenten.

Complicadas decisiones

Como vemos, numerosos factores, numerosos agentes implicados y decisiones que suponen millones en inversiones. Con tal de facilitar las cosas, el informe incluye un resumen para gobernantes (también accesible desde el sitio web) que actúa como documento de consenso, lo que implica que los 195 países miembros del IPCC aceptan firmar debajo de sus conclusiones.

Pero bajo esta apariencia, se esconde el gran verdadero problema de todo: ¿quién y cómo va a pagar por ese cambio de modelo energético? Y detrás de la respuesta, se encuentra la realidad de porqué se ha llegado a donde estamos.
Antes de la publicación del informe, se llevaron a cabo en Berlín discusiones entre los países. Pero la realidad es que estas reuniones parecieron más una lucha entre ellos por estar lo mejor posicionado posible de cara a las negociaciones y acuerdos que se tienen que dar el año próximo. Y sobre la mesa, la decisión de ver cómo se repartirá el coste financiero de las reducción de gases y la adaptación de las economías a los nuevos retos, tema especialmente sensible para los países de ingresos medios (rentas medias) y potencias industriales. Y lo es porque son éstos los principales causantes de las emisiones pasadas.
Al final siempre surge el mismo debate, y es que los países que hoy son los más fuertes, lo han sido a base de contaminar más en el pasado, y de mantener en la actualidad niveles elevados. Los países en desarrollo necesitan energía barata para poder seguir avanzando, y esto implica repetir el modelo que ya hicieron los países ricos, y explotar las pocas selvas y zonas naturales que quedan.
Los países ricos no quieren que esto suceda, porque de ser así, las reservas ambientales del planeta se verán extinguidas, y sucumbiremos a un caos ambiental global. Pero la respuesta de estos países es clara: sólo porque en el pasado los ricos hayan destruido sus recursos, no les puede obligar a que ahora nosotros no hagamos uso de los nuestros para poder avanzar. Y si no, que nos compensen económicamente, porque todos tenemos el mismo derecho a avanzar y mejorar.
Al final este debate se puede llenar de números, datos, porcentajes y miles de millones, pero esta es la idea en la que se basa el problema ambiental: los ricos lo provocamos. Y ahora los que se están desarrollando quieren seguir avanzando, y para eso consumen sus recursos. Recursos ambientales que los ricos decimos que son de todos, pero que en el pasado (y no tan pasado) no los consideramos así. ¿Quién tiene razón? ¿Es posible llegar a un acuerdo? ¿Habrá capacidad económica y voluntad para llevarlo a cabo? Porque parece que la capacidad científica ya está.
Mientras, los países buscan sus posiciones y siguen pidiendo nuevas clasificaciones para poder repartir y distribuir de otra forma las cargas.

Y sobre todo este debate, ¿dónde queda el ciudadano?

Al final, cada uno de nosotros, nos vemos implicados y sufrimos las consecuencias de todas estas decisiones. Pero es el esfuerzo de cada uno el que también tiene que facilitar las cosas, puesto que la luz producida es consumida por alguien, los coches los conduce la gente, los termostatos de la climatización son programados por nosotros y la compra la realizamos también nosotros.
Es por eso que nos tenemos que concienciar en nuestros hábitos, y tratar de que nuestra huella ecológica individual sea lo menos profunda, para facilitar esta transición. Aquí os ponemos algunos de ellos, porque pequeñas acciones y cambios de hábitos si que pueden cambiar de verdad las cosas:

_Mantener la climatización a menos de 20ºC en invierno, y no menos de 25 en verano
_Apagar siempre las luces cuando no estemos presentes, aunque sean pocos minutos.
_Reducir el uso del vehículo privado, o compartirlo lo máximo posible
_Hacer uso del transporte público, la bicicleta, o ir a pie.
_Adquirir productos de empresas que respeten el medioambiente.
_Hacer la compra en tiendas de barrio o a productores locales.
_Adquirir productos que no estén empaquetados o envasados, o que tengan los menos posibles.

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Si seguís con asiduidad nuestro blog, sabréis que hemos hablado ya del problemática de las bombillas fluorescentes y de la realidad de las llamadas “bombillas de bajo consumo”. En esta ocasión queremos ofreceos un poco más de información, de carácter más técnico, que os sirva para hacer una elección correcta cuando tengáis que adquirirlas y que os ayude a disipar también algunas dudas.

Una cosa que recomendamos es, siempre, antes de realizar una compra, por pequeña que sea, darle un vistazo al catálogo de los fabricantes para conocer cuál es su oferta. Esta es una acción a la que poco a poco nos vamos acostumbrando, pero nos tenemos que concienciar de su importancia y necesidad.

Habitualmente, a la hora de comprar un nuevo vehículo, una televisión o un teléfono móvil, nos pasamos horas en internet o en tiendas especializadas analizando cuales son los modelos de los que disponemos, cuáles nos gustan más o menos, nos informamos de las características técnicas y por último los comparamos con el resto para poder decidir cuáles es la mejor compra (y, sobretodo, la que mejor cumple con nuestras necesidades). Con las bombillas tenemos que hacer lo mismo, porque no todas sirven por igual, y porque podemos generar nuevos ambientes y sensaciones en nuestro hogar o jardín únicamente jugando con la luz. Como se deduce del título del post, para cada necesidad hay una bombilla. Pero tenemos que saber antes cuáles son nuestras necesidades.

Eso si, al principio, os explicamos alguna terminología que generalmente aparece en los envases de bombillas, lámparas y luminarias, y  que es importante conocer.  Posteriormente algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de adquirir vuestras lámparas o bombillas:

¿Qué es…?

_Lumen: es la unidad internacional para medir el flujo luminoso.

_Flujo luminoso: es la medida de la potencia luminosa percibida.

_Lux: es una unidad de medida basada en el lumen. Un lux equivale a un lumen por metro cuadrado. Para hacernos una idea de la proporción, en un salón de una vivienda iluminado artificialmente hay alrededor de 50 lux, y en una oficina correctamente iluminada, unos 400 lux.

_W (Watio, o Vatio): es la unidad de medida para la potencia.

_Potencia de la lámpara (el término técnico para las bombillas es el de lámpara, y el lugar donde va colocada, luminaria): Cantidad de energía eléctrica capaz de transformar en energía lumínica, en función de su rendimiento. Hay que tener en cuenta que mayor potencia mayor rendimiento lumínico (eficacia) y, por tanto, proporcionalmente más luz.

_Rendimiento lumínico o eficacia: Es la relación entre la luz producida (lúmenes) y la potencia eléctrica consumida (watios). Los máximos teóricos son 220 lum/w para luces continuas, y 650 lum/w para luz monocromática. Cuanto más intensidad tenga nuestra lámpara más luminosos serán los objetos, pero si la luz de la bombilla elegida es monocromática, los colores no se distinguirán claramente y veremos peor los objetos. De esta forma, en pasillos con cuadros colgados, o en habitaciones en las que nos interesa resaltar algunos elementos o generar diferentes espacios (de lectura, donde comer, etc) es interesante utilizar bombillas de espectro continuo, que tienen un menor rendimiento luminoso. A día de hoy podemos encontrar productos que tienden más hacia uno u otro. De esta forma, nos encontramos con lámparas en las que podemos elegir mayor luminosidad o mejor rendimiento de color.

Como ya se ha dicho un poco más arriba, cuanta más potencia tenga una lámpara, más eficiente es. Esto, que se tiene muy en cuenta en iluminación exterior, en interior se queda un poco al margen, porque los espacios son más contenidos y los efectos buscados son otros. Lo que si que es cierto es que resulta más eficiente tener una lámpara de 120W que no dos de 60W. Lo que hay que tener en cuenta es, por ejemplo, si en nuestra cocina o salón nos interesa más o estamos más cómodos con la luz que emite un portalámparas con sólo una de 120 W o uno que tenga dos de 60W.

_Color de la luz. El color de la luz, o el color de luz que emite una lámpara, se define a través de una escala comparativa de temperatura, por eso se mide en ºK, o grados kelvin. Valores muy altos indican que la luz que emite la lámpara es blanca-azulada (luces frías), y para valores bajos, que la luz es blanco-anaranjado, (luces cálidas). Para tener una idea de la escala, la luz de una cerilla es de 1700ºK, la luz del sol directa es de 5600ºK o la luz de una lámpara de xenón, de 6420ºK.
Si nuestra intención es la de crear un espacio acogedor, ínitmo, por ejemplo para un salón, tendremos que buscar lámparas que tengan efectos “cálidos”, con unos valores de hasta unos 4000-4500ºK. En cambio, si queremos espacios vivos, con una gran sensación de luz, tendremos que optar por lámparas de unos 5000ºK hacia arriba.

_Rendimiento de color. El rendimiento de color de las lámparas nos expresa la veracidad o al proporción real con que se ve el color de los objetos. La medida se expresa en % y puede ir desde cifras negativas (-20%) hasta el máximo de veracidad (100%). Se considera como luz veraz a la natural, la que proviene del sol, reproducida en laboratorio mediante lámparas de luz estándar.

_Tipo de conexión: Nos permite identificar en qué portalámparas podemos colocar las bombillas. Se identifican con un código alfanumérico, por ejemplo: E27s. En este caso, que sería una bombilla típica de rosca estándar: E (Tipo de portalámparas: Rosca tipo Edison) 27 (diámetro portalámparas: Rosca Edison estándar) s (número de contactos: contacto sencillo).

_Aparellaje eléctrico necesario: Algunas lámparas, como son las incandescentes, funcionan directamente conectadas a la red eléctrica. Otras, en cambio, como pueden son las del tipo LED, necesitan de un aparellaje eléctrico auxiliar, conformado por reguladores, iniciadores, etc. Algunas llevan estos componentes incluidos en la lámpara. Otros, es el portalámparas el que los lleva. Una de las razones principales por las que las lámparas LED son más caras es este, ya que necesitan una cantidad de electrónica para poder funcionar que el resto no.

_Distribución de la luz: La luz que sale de las lámparas (bombillas) es, como norma general, difusa, y en todas direcciones. Según la forma de ésta (en forma de U, esféricas, en espiral, etc) pueden aparecer direcciones predominantes de la luz.
Hay algunos tipo de lámparas, varios modelos de incandescencia fundamentalmente, en los que la lámpara incorpora un reflectores que permite distribuir y concentrar la luz según las necesidades hacia objetos concretos.
Uno de los problemas que se achacan a las luces de tipo LED es precisamente este, que la distribución es excesivamente lineal, y en ocasiones parecen cañones de luz que no iluminan bien espacios cerrados. Por eso hay que elegir bien si este es el tipo de luz que queremos para nuestro espacio, aunque sean las que menos consumen (y las más caras).

_Durabilidad y Número de encendidos: Este apartado quizá sea el más importante, y el que más hay que tener en cuenta a la hora de adquirir cualquier tipo de lámpara.
Las lámparas están fabricadas con una duración limitada y un número de encendidos “programado”. Además, y esto si que es muy importante, la durabilidad depende en general de las horas de funcionamiento, y del número de encendidos.

A las lámparas de incandescencia no les afecta el número de encendidos, y se fabrican para durabilidades específicas en general cortas. Lo habitual es 1000 h para incandescencia estándar y 2000 h para las de incandescencia mejoradas y halógenas. La durabilidad de las lámparas “de bajo consumo” depende enormemente del tiempo en que permanecen encendidas y del número de encendidos. Antes de decidir su adquisición deberíamos interrelacionar estos dos factores, para de esta forma poder predecir su probable duración. La duración de este tipo de bombillas se calcula para tiempos de permanecer continuamente encendidas de seis a ocho horas. Para tiempos menores su durabilidad se ve reducida considerablemente, de forma que si van a pasar a estar encendidas a ciclos de sólo una hora (una o varias veces al día, pero sólo una hora cada vez) , pueden reducir su vida útil hasta alcanzar sólo el 70%. Si sólo estarán encendidas aproximadamente media hora, pueden bajar hasta el 50%.

Esto significa que si yo tengo un espacio en el que coloca una luz que no va a estar encendida mucho tiempo, o se apagará o encenderá a menudo, no es lo más adecuado colocar una lámpara de bajo consumo, ya que el incremento de precio de estas bombillas con respecto a su consumo no será compensado antes de que se funda. Por tanto, para estas situaciones, es necesario buscar alternativas si queremos respetar el medio ambiente y el bolsillo al mismo tiempo. En estos casos, las incandescentes mejoradas suelen ser la mejor alternativa (consumo-precio). Las lámparas LED tienen una alta durabilidad (10 años, aproximadamente el doble de las fluorescentes) pero su precio todavía es muy elevado. Hay que analizar si el portalámparas o el efecto que queremos conseguir con la compra y uso de esta luz vamos a querer que sea perdurable en el tiempo, para compensar el desembolso tan elevado al principio. La única pega de estas lámparas es que con el paso del tiempo disminuye su flujo, pero sin dejar de funcionar.

_Coeficiente de depreciación de las lámparas e Influencia del voltaje: A lo largo de la vida útil de la lámpara, y conforme pasa el tiempo, la luz que producen es cada vez menor. Su vida acaba cuando se funden o se estropea algún mecanismo interno. Sin embargo, hay algunas lámparas fluorescentes no llegan a dejar de producir luz, pero su rendimiento va disminuyendo, hasta que es aconsejable su reposición aunque no hayan dejado de emitir luz porque el flujo que emiten no es el adecuado para nuestras necesidades. Hay que tener en cuenta que las bombillas están fabricadas para unas condiciones de funcionamiento eléctrico (voltaje) concretas. Todos sabemos que en ocasiones el voltaje de las redes sufre variaciones, no ajustándose exactamente con los estándares, llegando incluso a oscilaciones muy perceptibles. Lo mismo sucede con el estado de la red eléctrica de nuestros hogares, al que hay que realizar un correcto mantenimiento para evitar esto, y, al mismo tiempo, ahorrar luz.

Y esto, ¿por qué?. Porque, en general, si el voltaje es mayor que el
normal, la lámpara produce más luz, consume más y además reduce su durabilidad. Incrementos de sólo un 10% en la tensión de la red de nuestra vivienda puede suponer que la vida útil de nuestras bombillas se reduzca hasta sólo un 25 o 30% del total.

_Condiciones de encendido y reencendido: Hay lámparas cuya emisión de luz es inmediata cuando pasa la electricidad. Este es el caso, por ejemplo, de las lámparas incandescentes. En cambio, hay lámparas cuya emisión de luz tarda desde unos segundos a varios minutos para producir luz suficiente, como el caso de algunas fluorescentes o de bajo consumo. Este es otro aspecto a tener en cuenta, porque podemos incurrir en utilizar una cantidad de energía innecesaria, y un gasto en bombillas excesivo para el uso final que le demos.

Como podéis ver, parece que elegir la mejor bombilla no es tan fácil. El abanico de productos disponibles es muy grande, agrupados, eso sí, en pocas tecnologías lumínicas diferentes. A esto se le suma con que cada fabricante nos intenta vender su producto como el mejor, y parece que cada nueva tecnología (como es ahora el LED) sustituirá al resto.

La conclusión que podemos obtener es que cada tecnología tiene un uso más adecuado (a la espera de la solución definitiva), y que debemos ser consciente de que utilizar un tipo de bombillas en un espacio que no es el correcto, nos puede acarrear en el largo plazo, mayor coste económico, y mayor coste ambiental (por un mayor uso de bombillas).
De esta forma, saber bien cuál es el uso que le vais a dar, su ubicación, y el número de horas que estará en uso es imprescindible antes de realizar la adquisición/adquisiciones. De esta forma, podréis filtrar un poco por cuál es la tecnología que mas interesa. Y así, con esto claro, elegir cuál es la mejor bombilla del casi infinito catálogo en el que podemos elegir.

¡Esperamos que os haya sido útil!

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Tubos fluorescentes

Todos conocemos las luminarias fluorescentes, también conocidas como tubos fluorescentes, estamos cansados de verlos, tanto en viviendas como en oficinas y diferentes tipos de locales, sobre todo en el ámbito industrial, pero, ¿conocemos realmente en que consisten?

¿Qué son los tubos fluorescentes?

Los tubos fluorescentes son un tipo de luminarias que se basan en el efecto fosforescente, cuentan con una lámpara de vapor de mercurio a baja presión, para su funcionamiento.  Aunque no vamos a entrar a detalle sobre su composición y funcionamiento, es necesario comentar que los tubos fluorescentes están formados por un tubo de vidrio revestido interiormente por sustancias químicas las cuales emiten luz visible cuando reciben una radiación ultravioleta. El tubo contiene también una pequeña cantidad de mercurio y un gas inerte (normalmente neón o argón).

¿Qué características tienen los tubos fluorescentes?

  • Luminosidad: los tubos fluorescentes tienen un rendimiento luminoso que oscila entre los 50 y 90 lúmenes por vatio (lm/W)
  • Vida útil: tienen por lo general una vida útil comprendida entre las 5000 y 7500 horas, muy superior a las lámparas incandescentes por poner un ejemplo.
  • Color: aunque existen diferentes modelos, con diferentes temperaturas, generalmente su temperatura de color varía entre los 3000 y los 6500K (entre blanco cálido y luz día frío).

¿Cuales son las principales ventajas de los tubos fluorescentes?

  • Buen rendimiento luminoso
  • Bajo consumo eléctrico
  • Poca pérdida de energía en forma de calor
  • Vida útil prolongada

El gran problema de los tubos fluorescentes

Pero no todo pueden ser ventajas cuando hablamos de los tubos fluorescentes, existe un problema y grave. Los tubos fluorescentes contienen una pequeña cantidad de mercurio, lo que los convierte en elementos altamente contaminantes, aunque también es necesario descatacar que no existe ningún tipo de problema mientras el tubo no se rompa y el mercurio no sea liberado.

La contaminación por mercurio

  • La rotura de un tubo de mercurio es capaz contaminar 30 mil litros de agua.
  • El mercurio es  una potente toxina que puede afectar seriamente al cerebro y al sistema nervioso, siendo los niños y las mujeres embarazadas los más susceptibles a su intoxicación.
  • Algunos de esos efectos sobre el cuerpo humano pueden ser: alteraciones en la personalidad, temblores, cambios de visión, sordera, falta de coordinación o perdida de memoria.
  • El mercurio que es liberado al ambiente se transporta por vía aérea o por el agua de lluvia o nieve hasta los ríos, mares y océanos. Una vez allí, es absorbido fácilmente por los animales microscópicos y plantas, las cuales son ingeridas a su vez por animales más grandes.
  • Una de las mayores exposiciones al mercurio se produce mediante el consumo de pescado contaminado.  Países como EE.UU. están tomando medidas al respecto, y han emitido un comunicado advirtiendo a mujeres embarazadas y niños sobre el consumo de tiburón, caballa gigante, pez blanco o pez espada .
  • El mercurio es altamente dañino para la vida marítima y acuática en general, el mercurio en sedimentos puede causar aumento de la mortalidad y las deformaciones en los peces. En algunos lugares como la Bahía de San Francisco en EE.UU. la contaminación por mercurio es tal, que se recomienta a los adultos no consumir más de dos porciones de pescado al mes. 

¿Cómo contribuir a reducir la contaminación por mercurio?

  • Comprar tubos fluorescentes con bajo contenido de mercurio: Los últimos avances permiten a los principales fabricantes producir luminarias con hasta el 80% menos de contenido en mercurio. Aún así, siguen siendo tubos fluorescentes con cierto contenido de mercurio, por lo que deben ser eliminados en los centros de recogida de residuos.
  • Reciclar todos los elementos del hogar con cierto componente de mercurio como baterías o termostatos: La capacidad del mercurio como conductor de electricidad sumado a que es el único metal líquido a temperatura ambiente, lo convierte en un material muy utilizado en productos domésticos como termómetros, termostatos y baterías. Es recomendable deshacerse de todos en ellos en centros de recogida de residuos o puntos limpios.
  • Reemplazar los tradicionales termómetros de mercurio por termometros digitales o de vidrio galistan: Son igual de exactos e infinitamente menos contaminantes.

¿Qué hacer si se rompe un tubo florescente?

  • Antes de limpiar la habitación
  1. Abrir la ventana y abandonar la habitación durante al menos 15 minutos.
  2. Apagar la calefacción, aire acondicionado o ventilación.
  • Para limpiar la habitación
  1. Recoger con mucho cuidado los fragmentos de vidrio y polvo con algún material rígido a modo de pala y colocarlos en una bolsa de plástico que puede ser sellada.
  2. Utilizar cinta adhesiva para recoger todos los restos de vidrio y polvo.
  3. Limpiar el área afectada con toallitas húmedas y depositarlas después en la misma bolsa.
  4. No utilizar aspiradora, ni barrer la zona con los restos de tubos fluorescentes.
  5. En caso de que cualquier prenda de ropa o calzado tuviera contacto directo con el mercurio, no  los lave, colóquelos en la misma bolsa de plástico para ser desechados.
  • Una vez concluida la limpieza
  1. Sellar correctamente la bolsa de plástico que contenga todo el material para desechar y lavarse las manos concienzudamente.
  2. Eliminar la bolsa de plástico depositándola en el lugar correspondiente para su desecho.
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Bombillas de bajo consumo

Las bombillas de bajo consumo, conocidas técnicamente cómo lámparas fluorescentes compactas (LFC), son un tipo de lámpara que utiliza la misma tecnología de los tubos fluorescentes tradicionales para hacer lámparas de menor tamaño que sustituyan a las tradicionales bombillas incandescentes.

En comparación con éstas, las LFC tienen mayor vida útil y consumen menos energía para producir la misma cantidad de luz. Sin embargo, tardan más tiempo en producir su máxima iluminación y su contenido de residuos tóxicos provoca que su desecho sea más problemático.

Algunas de las ventajas de las lámparas fluorescentes compactas en comparación con las lámparas incandescentes son:

  • Las LFC son frías y convierten en luz la mayor parte de la energía que consumen, mientras que en las incandescentes la mitad de energía consumida es transformada en calor y no en luz.
  • Una bombilla de bajo consumo utiliza entre un 50 y 80% menos de energía para producir la misma cantidad de luz. Para hacernos una idea, una LFC de 22 vatios equivale a una bombilla incandescente de 100 vatios.
  • Una bombilla incandescente arroja mucho más CO2 a la atmósfera que una bombilla de bajo consumo.
  • Las bombillas de bajo consumo cuestan unas siete veces más que las incandescentes y duran aproximadamente unas 10 veces más.
  • En un cálculo aproximado, sustituir cinco bombillas incandescentes por cinco bombillas de bajo consumo equivalentes, puede suponer un ahorro anual de unos 60€ y una reducción de la emisión de gases del efecto invernadero de hasta 340kg.

La trampa de las bombillas de bajo consumo

Existe otra vertiente que opina que, aunque las bombilas de bajo consumo o LFC fueron diseñas para beneficiar al medio ambiente principalmente mediante el ahorro energético, estas bombillas constituyen una amenaza y son altamente contaminantes, tanto que pueden producir serios problemas de salud. La razón principal es su contenido de mercurio, un metal pesado que utilizado en forma de gas produce una radiación ultravioleta, la cual es convertida en luz visible por un recubrimiento fluorescente.

Un estudio de la OCU afirma que durante su funcionamiento no se producen perdidas por lo que no existe peligrosidad. El principal riesgo es la posibilidad de rotura de una bombilla LFC, ya que de ser así, se produce una liberación brusca de mercurio al ambiente, una de las sustancias más tóxicas que existen en el planeta.

¿Qué hacer si se rompe una bombilla de bajo consumo?

Tal es la preocupación por los problemas de salud que pueda acarrear la rotura de este tipo de bombillas, que el Instituto Nacional de Toxicología recomienda seguir a rajatabla el siguiente protocolo de actuación:

  1. Abandonar la habitación de forma inmediata y ventilar durante al menos unos 15 minutos.
  2. Recoger cuidadosamente las piezas rotas y el polvo con toallas o papel húmedo, equipados convenientemente con guantes de goma y mascarilla de protección respiratoria.
  3. No utilizar bajo ningún concepto aspiradora o escoba, ya que con el calor o la aerosolización, la volatilidad del mercurio aumenta significativamente.
  4. Colocar todo el material recogido en algún tipo de recipiente hermético o bolsa sellada y depositarlos en algún centro de reciclaje o punto habilitado para la recogida.
  5. Si después se pasa la aspiradora, debe extraerse la bolsa, introducirla de nuevo en una bolsa de plástico sellada o recipiente hermético y llevarla también al punto limpio
  6. No permitir a los niños pequeños el acceso a dicha habitación en las menos las siguientes 24 horas posteriores a la limpieza exashutiva de la misma.

Todas estas precauciones son muy importantes y totalmente necesarias, pero especialmente si la bombilla estuviese encendida en el momento de la rotura, porque entonces la cantidad de mercurio liberada es mucho mayor. No olvidar tampoco que las bombillas deben depositarse siempre y de cualquier forma, tanto si la bombilla está rota como fundida, en puntos limpios o habilitados para su recogida (situados normalmente en centros comerciales, ferreterías o tiendas de iluminación), nunca deben depositarse en los contenedores convencionales.

El mito de la vida útil

Otro de los puntos que causa gran controversia a la hora de hablar de bombillas de bajo consumo es el tema de la vida útil. Según los fabricantes las bombillas de bajo consumo poseen una vida útil que oscila entre las 3.000 a 8.000 horas, y es en ese punto en el que radica la clave de su ahorro económico en comparación con las bombillas incandescentes.

Pero la realidad es bien distinta en muchos casos, ya que de no llegar a esas 3000 horas, cosa por desgracia demasiado habitual no sólo no se produce ese ahorro, sino que en la mayoría de los casos estamos perdiendo dinero.

El problema de la vida útil de la bombilla es que no es algo inmutable, sino que puede verse afectada por diversos factores como:

  • Los ciclos de encendido y apagado: las bombillas sometidas a frecuentes encendidos (usos puntuales como pasillos o aseos) suelen ver reducida su vida útil.
  • Las luminarias muy cerradas: comprometen la vida útil de las bombillas debido a las altas temperaturas.

 

Otros tipos de bombillas de bajo consumo:

Aunque las LFC son lo que comunmente conocemos cómo bombillas de bajo consumo, esta denominación no es del todo correcta, ya que existen otro tipo de bombillas que podrían englobarse dentro de esa misma categoría de bajo consumo y no son LFC. Es el caso de :

Halógena

  • Bombillas halógenas: en principio nacieron como una tecnología destinada a los coches, pero hoy en día existen bombillas de formato tradicional, que consumen la mitad que las bombillas incandescentes, y funcionan con esta tecnología.
  • LEDBombillas LED: son las mejores bombillas del mercado, gastan unas 8 veces menos y no presentan ningún tipo de riesgo para la salud ni el medio ambiente. Tienen una vida útil mucho mayor que cualquier otra y poseen una luz direccional y más cálida. El único incoveniente es su precio, que a pesar de disminuir progresivamente continúa siendo más elevado que el de las otras, aún así, su larga duración y bajo consumo provoca que resulten más rentables y económicas.

Las bombillas de LED la mejor solución

Haciendo una comparación rápida podemos afirmar que una bombilla led consume unos 2w contra los 35w de una halógena obteniendo la misma iluminación, esta diferencia de consumo y su larga vida útil hace que salga rentable a pesar de costar aproximandamente unas 6 veces más.

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