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Tigre de Tasmania: 80 años de su extinción

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tigre de tasmania

¿Cómo era el tigre de Tasmania?

El tigre de Tasmania, también conocido como lobo marsupial o tilacino, fue un mamífero que habitó en nuestro planeta hasta hace ochenta años. Concretamente, el último ejemplar con vida data de 1936.

Thylacinus Cynocephalus es el nombre científico del tigre de Tasmania, que viene a significar perro con bolsillo y cabeza de lobo.

¿Cómo se extinguió el tilacino?

El tilacino vivió en las naciones de Australia y Nueva Guinea. La desaparición de este lobo marsupial se debió principalmente a la introducción por parte de los aborígenes del llamativo dingo, también conocido como perro salvaje, que comenzó a ocupar y apropiarse de su hábitat por su mayor fortaleza.

El tigre de Tasmania fue desapareciendo progresivamente de esta relativamente pequeña isla cuando los pobladores europeos llegaron hace unos doscientos años. La caza intensiva, la fuerte competencia con perros domésticos, y la destrucción de su hábitat suponen los principales factores explicativos que contribuyeron decisivamente a su paulatina desaparición, y que hicieron del tigre de Tasmania un mito añorado por científicos y observadores.

Algunas fuentes, sin embargo, probablemente más cercanas a posiciones relativas a asuntos de fe que a bases puramente científicas, o eso opina gran parte de la opinión autorizada, afirman que el tilacino a día de hoy todavía continúa existiendo. Sin embargo, aunque parezca poco probable, se han brindado relatos y alguna filmación de supuestos avistamientos que permiten a algunos proseguir por el momento con lo que vendría a considerarse como una duda razonable sobre su extinción.

La ley del país australiano no protegió al tigre de Tasmania nada menos que hasta 1936, casualmente el mismo año en que falleció en el zoológico de Hobart el último ejemplar en situación de cautiverio.

Con carácter previo, en 1888, se ofrecían sumas nada desdeñables por cada cabeza de tigre de Tasmania entregado en el Parlamento (una libra esterlina  por ejemplar adulto y  diez peniques por las crías).

No supone por desgracia la única pérdida en la categoría de bellos animales extintos. Otros, como el delfín del Rio Chino, el peculiar Dodo, fulminado por el hombre en menos de ochenta años al llegar a la isla de San Mauricio donde habitaba, el Tigre Persa, o nuestro ex pariente cercano el Bucardo, cabra montesa habitante del pirineo, también correrían la misma trágica fortuna que el protagonista de la historia que hoy nos atañe.

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